P.- Ahora que estamos a las puertas de la conclusión de las obras y de la reapertura de  la Catedral, ¿cuál es su valoración global?

R.- Hay que recordar que estamos muy próximos a la entrega de la obra civil para poder proceder a la reapertura del Templo, pero inacabada ya que la financiación prevista no nos ha permitido culminar lo oficialmente programado. No obstante, de acuerdo con los criterios de suprema austeridad y gasto, que en el momento presente rigen en nuestra sociedad, es muy posible que la obra, ahora concluida en términos de lo verdaderamente imprescindible, quede así por mucho tiempo y posiblemente serán otras generaciones las que continúen con las obras pendientes de remate que en una Catedral nunca concluyen, pues constituyen la viva expresión del pueblo creyente.

Con este comentario previo ya se puede suponer el esfuerzo añadido que ha representado este gran reto para todos los participantes que, de una u otra forma, han contribuido o soportado como pueblo fiel y sufrido todos los avatares de la obra y que los Amigos de la Catedral, en su boletín periódico, han ido dando cumplida información en conferencias y por escrito.

En cuanto al resultado de la obra considero que se ha vuelto a repetir el reto técnico y económico similar al planteado en el inicio del pasado siglo XX. Ahora, a comienzos del siglo XXI, se reproduce y resuelve con nuevas tecnologías y materiales. En líneas generales, la percepción exterior de la cubierta de la Catedral será la de siempre con cúpula acabada en láminas de cobre en su color, en el corazón de la ciudad. Y desde el interior resultará ser menos pesada, con tendencia a elevarse hacia el cielo, dispondrá de un mayor nivel de luz y contará con una renovación de aire que nunca tuvo, todo ello aprovechando las recomendaciones efectuadas en su día por el Instituto Eduardo Torroja. Además de las vidrieras existentes, la iluminación natural y artificial será cenital, disminuyendo el consumo de energía gracias al empleo de lámparas tipo LED. Se ganará en sensación de confort y se renueva un mensaje de significado teológico-espiritual en base a la luz, a la armonía y a la ascensión de sus formas ingrávidas.

P.- ¿Qué aspectos de la obra le parecen más destacables?

R.- Además de lo anteriormente comentado destacaría que cada una de las bóvedas es ligeramente diferente, pero lo suficiente como para que todas conlleven un ajuste dimensional y por ende extensible a sus encofrados a dos caras y doble curvatura que al ser realizados a pie de obra y depositados en el exterior han podido ser contemplados en proximidad por los viandantes. En definitiva que la obra de  carpintería necesaria para dar las formas y recibir al hormigón autocompactable, armado con fibra de vidrio y con fibra de polipropileno, ha requerido un mayor esfuerzo, que el mismo ha sido abnegado y silencioso, pues una vez fundida la cubierta los mismos se desmontan y quedan en el anonimato.

P.- ¿Está satisfecho de la aplicación del polipropileno?

R.- La fibra de polipropileno es un material novedoso en la ejecución de las láminas que conforman nuestras bóvedas. Colabora estructuralmente con el hormigón absorbiendo los esfuerzos cortantes. Para el Patrimonio es muy esperanzador poder disponer de nuevos materiales y técnicas que ayuden a superar graves patologías que en otros momentos de la historia habría sido imposible resolver con la debida garantía.