El pasado 29 de junio se clausuraban las Jornadas Nueva Evangelización en La Catedral de La Laguna con una eucaristía multitudinaria. En ella, el Obispo llevaba a cabo el envío misionero de varios diocesanos que este verano vivirán una experiencia, seguramente, imborrable.

En concreto, cinco miembros del grupo «GAMIR» (Grupo de Animación Misionera), vinculado al proyecto juvenil «Savia Nueva», estarán tres semanas con los misioneros javerianos en Burundi y otros tres pertenecientes a PROYDE La Salle, se irán a Chaco, Paraguay.

Carlos González tiene 36 años y pertenece a la parroquia de Nuestra Señora de Los Remedios, La Laguna (La Catedral). Está casado con Elena Marrero y ambos son catequistas de un grupo de confirmación. Ellos dos, junto a otra diocesana, Concepción Dorta, partirán el 18 de julio desde Madrid hasta Paraguay. En este país de América del Sur, permanecerán 40 días  atendiendo las necesidades de un colegio internado para niños de un pueblo indígena.

Según indica González, esta «aventura» nace a través de su mujer, que es profesora del Colegio La Salle San Ildefonso y miembro de la ONG PROYDE, quien elabora los proyectos de verano dedicados al voluntariado de corta y de larga duración. Una modalidad de estos proyectos se dirige a personas adultas, bien sean profesores, otros profesionales del centro escolar, o bien familiares, como es el caso de Carlos González. «Vamos a lo que haga falta» -indica. «Los niños del centro al que vamos a atender, pertenecen a un pueblo indígena que habla guaraní y que trabaja para los grandes hacendados. Son terrenos que difieren bastante los unos de los otros en cuanto a distancias y, por eso, muchos chicos y chicas se quedan sin escolarizar. Los hermanos de La Salle que trabajan allá se encargan de recoger a todos estos niños durante un año. Las familias los dejan en régimen de internado para que puedan recibir la educación necesaria durante ese tiempo» -explica González.

A Carlos y a su mujer Elena todavía no les ha dado tiempo de hacerse mucho a la idea de lo que les espera, porque hasta hace poco, han estado inmersos en la organización de las Jornadas Nueva Evangelización. «La verdad es que estos días no nos ha dado tiempo de pensar mucho en el viaje a Paraguay porque trabajo aquí no ha faltado. Lo que sí hemos organizado ya son las maletas con material educativo. Llevaremos para allá todo lo que podamos, así como donativos de personas. Este dinero se lo entregaremos al organizador del proyecto en Paraguay. Una de las necesidades imperiosas a las que deben hacer frente es la de comprar leche, porque el Gobierno ha cesado ciertas ayudas».

González añade que su labor consistirá, básicamente, en ponerse en las manos de Dios. «Estaremos para lo que haga falta. Dar clases de apoyo, acompañar a los chiquillos, colaborar  en las labores del centro, limpiar, trabajar en la huerta, etc. Cuando lleguemos, nos asignarán el área donde más hagamos falta y allí pondremos nuestro granito de arena».

Por otro lado, Bárbara Méndez Pérez, tiene 25 años, es de Los Realejos y estudia Filología Inglesa. Lleva varios años en el proyecto juvenil «Savia Nueva» y también forma parte del grupo GAMIR (Grupo de Animación Misionera), el cual nació en el seno  del IES Realejos, y que tiene como objetivo animar a los jóvenes a la misión. «Nuestro propósito es que los alumnos conozcan el espíritu misionero. Hacemos reuniones, encuentros, festivales, ofrecemos formación y, sobre todo, oramos por las misiones» -expresa Méndez.

Esta joven realejera, partirá el 16 de julio hacia Burundi con cinco compañeros más: Alejandro Abrante (fundador de Savia Nueva), Jonay Jesús Mederos, Jonay Vargas, Marta Quintero y Vanessa Carolina Medina. En el referido país africano, conocerán y formarán parte de la labor que realizan allí los misioneros javerianos.

Méndez indica que a través de «Savia Nueva», Dios se ha hecho presente en su vida. «Si antes me preguntaban lo que significaba el proyecto para mí, respondía que era mi ratito particular de estar con Dios. Sin embargo, ahora sé que es algo más que eso.  Savia Nueva me ha ayudado a ver que Dios está en todas partes y en todos los momentos de mi vida. Mi compromiso parte de esta convicción y es lo que me hace feliz».

La misión es un «gusanito» que se va despertando poco a poco, comenta esta joven. «No sé muy bien cómo empezó todo, pero  a medida que pasaba el tiempo me decía a mí misma, tengo que hacerlo, tengo que hacerlo, y ya por fin, este año, voy a vivir la experiencia».

Sin duda, es un planteamiento de vacaciones de verano que se escapa de lo convencional. Los padres y algunos amigos de Méndez no acaban de comprender esta inquietud. «Mis padres están algo resignados» -señala de forma simpática Méndez. «Me dicen que adelante si es lo que quiero, pero les da un poco de miedo. África, aunque sea un continente que está a nuestro lado, lo ven como algo lejano y desconocido. En cuanto a mis amigos, algunos no entienden bien lo que voy a hacer. Me hacen muchas preguntas porque quieren saber de forma precisa cuál será mi labor. Yo les respondo que la intención es, simplemente, estar con la gente porque, en definitiva, el Evangelio nos invita a eso. Quizás, cuando vuelva, lo entenderán todo un poco mejor».