Jesuita, como el P. José de Anchieta, buen conocedor de la vida del Santo de cuya causa de canonización fue vicepostulador, el P. César Augusto dos Santos nos recibió en la Radio Vaticana para hablar sobre algunos aspectos menos conocidos de la vida de San José de Anchieta. Nacido en 1945, en Barra de Piraí (RJ), y ordenado sacerdote en 1975, el P. César Augusto dos Santos, SJ, es Licenciado en Filosofía, Bachiller en Teología y Máster en Brasil Colonial por la Pontificia Universidad Católica de San Pablo. Vive actualmente en Roma, donde es responsable por la programación brasileña de la Radio Vaticana.

¿Cuáles son los trazos más resaltantes en la personalidad de Anchieta, por así decir, profética, construyendo una sociedad nueva en una tierra virgen?

P. César Augusto dos Santos – Un marco fuerte de su personalidad es la devoción a la Virgen María y la confianza en su auxilio. Cuando estudiante en Coimbra, sintiendo que el ambiente en la universidad no era muy bueno, se dirigió a la Catedral, pidió la protección de la Madre de Dios e hizo voto de castidad. En las situaciones difíciles, recurría siempre a Ella. Se ve eso años después cuando, ya en Brasil, retenido en la aldea de Yperoig como rehén de los [indios] tamoios y en riesgo de vida y de romper su voto de castidad, rezó a María y luego comenzó a agradecer, escribiendo en las arenas de la playa el poema prometido.

Otra característica de él es el amor por aquellos que va catequizar. Él no impuso una religión a los indígenas. Él los observó y amó.

Ignacio de Loyola nos presenta la contemplación de las dos banderas: la de Cristo, simple, pero llena de servicios, es la Cruz; la de Satanás, repleta de glorias mundanas, no lleva a nada. Y Anchieta hizo la opción por la bandera de Jesucristo en Brasil, como misionero. Así, yo veo en él también ese lado ignaciano, el cual es importante observar: la Compañía de Jesús no es del Cristo glorioso, sino del Cristo que carga la Cruz, que está haciendo la Redención. Anchieta se sentía muy compañero de Jesús, y es exactamente esa la opción que él hizo en Coimbra.

Entonces, en San José de Anchieta se ve el devoto de María, el jesuita en el sentido ignaciano y también, diría yo, un hombre de cultura que tiene ese respeto por los indios, aprende su lengua, va aprender la medicina indígena con los payés. Ahora, él es un gran maestro. La ciudad de San Pablo nace exactamente porque él es el maestro de Piratininga y las familias van a vivir en torno a aquel colegio.

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