Hace años un libro de un gran comentarista de la Biblia se tituló: «Creer es comprometerse». Es, en síntesis, lo que bellamente comenta el Papa Francisco en este número de «La Alegría del Evangelio».
La Iglesia, desde su comienzo, ha elaborado junto a una espiritualidad personal, propuestas para el cambio de la sociedad: Es la continuidad del Mensaje de Jesús sobre la llegada del Reinado de Dios: justicia, paz, franternidad, libertad, pobres, curación, reconciliación… son su nombre para cada ser humano y para la sociedad (tierra incluida).
Solo desde valores así superaremos esta crisis que mata.
Por consiguiente, nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida socialy nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos.
Una auténtica fe –que nunca es cómoda e individualista–siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra. Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades.
De eso se trata, porque el pensamiento social de la Iglesia es ante todo positivo y propositivo, orienta una acción transformadora, y en ese sentido no deja de ser un signo de esperanza que brota del corazón amante de Jesucristo. («La Alegría del Evangelio)