Al Papa Francisco le gusta el número tres, a nosotros también. Permitid que os regalemos tres palabras que cobran vida especial en María y que sintetizan la actitud para vivir este tiempo: escucha, decisión y acción. Palabras que indican un camino también para nosotros ante lo que nos pide el Señor en la vida. Escucha, decisión, acción. Ella como figura del adviento, junto con Isaías, con el Bautista, con José… no da la pista adecuada. Amigo, hermano, oyente o vidente…

¡Escucha!  María sabe escuchar a Dios. Atención: No es un simple “oír”, un oír superficial, sino que es la “escucha” hecha de atención, acogida, disponibilidad hacia Dios. Esto vale también en nuestra vida: escucha de Dios que nos habla, y escucha también de las realidades cotidianas: atención a las personas, a los hechos, porque el Señor está a la puerta de nuestra vida y llama de muchas formas, pone signos en nuestro camino; nos da la capacidad de verlos;

La segunda palabra: decisión, prontitud. María no vive “deprisa”, con angustia, pero como pone de relieve san Lucas, “meditaba todas estas cosas en su corazón” (cf Lc 2, 19.51) e incluso en el momento decisivo de la Anunciación del Ángel, ella pregunta: “¿Cómo será eso?” (Lc 1, 34). No vive deprisa, sino sólo cuando es necesario “va deprisa”. Decide. María va a contracorriente; se pone a la escucha de Dios, reflexiona y trata de comprender la realidad, y decide abandonarse totalmente a Dios.

La tercera palabra: acción. María se puso en camino y “fue deprisa…” (cf Lc 1, 39). En la oración ante Dios que habla, al reflexionar y meditar acerca de los hechos de su vida, María no tiene prisa, no se deja atrapar por el momento, no se deja arrastrar por los acontecimientos. Pero cuando tiene claro lo que Dios le pide, lo que debe hacer, no se detiene, no se demora, sino que va “deprisa”. San Ambrosio comenta: “La gracia del Espíritu Santo no comporta lentitud”.

Nosotros vivimos deprisa y, tantas veces, corremos hacia ninguna parte. Ve pronto y con decisión, acude al hermano, particularmente al necesitado, y encontrarás a Dios (“Anda y haz tú lo mismo”, fue la recomendación de Jesús al maestro de la Ley tras la parábola del samaritano). Nosotros gritamos: Marana tha (¡Ven Señor, Jesús!); Él nos dice: “Vengo pronto”. Ven, Señor, te necesitamos.

María, la mujer de la escucha, de la decisión, de la acción.

Estas tres palabras, esta actitud de santa María también la necesitamos en nuestra vida como creyentes. Sobre todo es una actitud necesaria en el tiempo de Adviento, un tiempo de preparación para recibir el Misterio de Dios, que en su inmenso amor revela su Misterio de amor, anonadándose y revistiéndose de nuestra naturaleza, para vibrar con todo lo humano, para vivir, amar y morir como hombre, y mostrarnos de esta manera el estilo, el camino. Tres palabras para recibir, celebrar y vivir el Misterio de Navidad, el Misterio de Dios que se hace hombre, para comunicarnos la inmensa riqueza de su amor.

Terminamos estas 3 recomendacioens con unas hermosas palabras de Pablo VI que se tornan oración:

 

                Al comentar el misterio del Nacimiento de Cristo… nos parece que debemos dirigiros una invitación, casi una llamada, un grito: ¡Venid!

¡Venid porque se os espera!

 ¡Venid, que se os conoce!

¡Venid, porque algo estupendamente bueno está preparado para vosotros! ¡Venid!

Repetiremos, pues, el celeste mensaje del Ángel en la noche reveladora de Belén: “¡Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo Señor!” (Lc 2,10-11) Por eso, adeste fideles! ¡Acercaos, oh fieles, os diremos con el canto pastoril del pesebre…

¡Venid! ¡Venid todos!

Pablo VI (del Mensaje del día de Navidad de 1965)