“San Cristóbal de La Laguna es una ciudad que se construye con amor y devoción. No es solo un trazado de calles empedradas ni un conjunto de casonas con balcones de tea que la Unesco decidió proteger. Es, sobre todo, un proyecto colectivo, casi un acto de amor renovado cada día por quienes la habitan”. De esta forma comenzó, este pasado 3 de septiembre, el doctor Pedro López su pregón de las fiestas en honor al Santísimo Cristo de La Laguna.
En el acto, que tuvo lugar en la Plaza del Cristo, estuvieron presentes el alcalde, Luis Yeray Gutiérrez; el vicario episcopal Juan Antonio Guedes; y el esclavo mayor de la Esclavitud del Cristo, Alexis Díaz. El evento concluyó con un concierto titulado “Canarias Sinfónica”.
En un sentido discurso lleno de recuerdos, López aseguró que ser lagunero, ya sea de nacimiento o de adopción, “es asumir una responsabilidad romántica, la de entender que la ciudad no es un decorado que otros mantienen, sino un hogar compartido que solo mejora si todos ponemos algo de nosotros”.
López añadió que La Laguna no es una ciudad detenida en el pasado, sino una que ha sabido cambiar sin perder lo que la hace ser ella misma. “Ahí está quizás su verdadero secreto, ha dejado pasar el tiempo sin dejar que el tiempo se la lleve por delante”.
Además, hizo referencia al trabajo anónimo de “tanta gente en silencio” y con “ganas de servir”, que hace posible que los festejos salgan adelante. “Más allá de su valor artístico, el Cristo es un punto de referencia emocional y espiritual para toda la ciudad. Esta imagen ha acompañado, de alguna manera, la vida cotidiana de los laguneros, sus alegrías, sus penas, sus silencios. Ante él han rezado abuelos, padres e hijos; a sus pies se han dejado promesas y lágrimas, pero que siguen ahí, formando parte del aire de la ciudad”.