Comenzamos febrero. En este mes se nos propone reflexionar con el Plan de Formación de la diócesis sobre las obras de misericordia corporales: Dar de comer al hambriento y de beber al sediento. 

Ambas obras son complementarias, y se refieren a la ayuda que podemos dar en alimento o en recursos a aquellos que lo necesitan.

 Hay que compartir el pan -¡hay tantas hambres!-. Pero no basta. Hay que hacerse pan y pan partido, como hizo nuestro Señor Jesucristo. El pan es fraternidad y es vida. El pan partido y compartido es amor.

 Dar de beber al sediento. Dar un vaso de agua es fácil y es bonito. Saciar otra sed más profunda es difícil. Saciar la sed definitivamente es imposible por nuestras propias fuerzas. Pero alguien puede hacer brotar en las entrañas una fuente de agua viva, gozosa, inagotable. Tú puedes ayudar a hacer posible el milagro del agua.

Es el momento de concretar gestos de misericordia en este mes en el que, precisamente, Manos Unidas lanza su campaña contra el hambre.