Candelaria celebró este 15 de agosto de 2026 el día grande en honor a la Patrona de Canarias. La Villa Mariana volvió a ofrecer la estampa de cientos de peregrinos en torno a la Basílica en un día soleado y con un viento muy intenso.
La jornada comenzó a las 9:00 h., con la recepción de tambores y ofrenda de la Asociación Cultural La Guanchería de Los Realejos. Posteriormente, tuvo lugar la 35º Ofrenda Floral Atlética a la Virgen de Candelaria.

Asimismo, a las 10:45 h., en el recinto junto al ayuntamiento, tuvo lugar la parada militar y la recepción del representante de su Majestad el Rey, responsabilidad que este año recayó en la figura de la presidenta del Parlamento de Canarias, Astrid María Pérez. Seguidamente, se inició la procesión cívica hasta la plaza de la Patrona de Canarias.
Ya en el templo, el obispo Nivariense, Eloy Santiago presidió, por segunda vez en su episcopado, la celebración de la Solemne Eucaristía cantada por la Coral de Voces para la Esperanza Villa de Candelaria y la Orquesta de Cámara de Las Candelas.

En la Misa estuvieron presentes diversas autoridades públicas, entre ellas, el presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo; el delegado del Gobierno en Canarias, Anselmo Pestana; el subdelegado del Gobierno en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, Jesús Javier Plata; la presidenta del Cabildo Insular de Tenerife, Rosa Dávila y la alcaldesa de la Villa Mariana, María Concepción Brito.
El obispo comenzó su homilía recordando que, en este día de la Patrona de Canarias, celebramos la solemnidad de la Asunción de María a los cielos. Un día, según señaló monseñor Santiago, para escuchar de nuevo de los labios de María el cántico del Magnificat, «Proclama mi alma la grandeza del Señor…». “Es la expresión del corazón agradecido de María que, sintiéndose pobre y humilde, consciente de sus límites como humana, se siente dichosa por haber sido escogida para ser la Madre del Salvador”.

Al hilo de esta idea, el prelado Nivariense hizo referencia a la encíclica del papa León XIV “Magnifica humanitas” donde el Santo Padre hace hincapié en huir de la idolatría del lucro y de no caer en la tentación de vivir sin Dios, relegando al ser humano a un mero algoritmo manipulable. “Cuando eliminamos a Dios, surgen personas e ideologías totalitaristas que se creen dioses, dueños y señores de la humanidad, que se mueven solo por el poder y la riqueza, sin importarle los demás, que se creen por encima del bien y del mal, que promueven guerras, muerte y división, que pierden el horizonte ético en sus vidas y viven en la corrupción, que solo buscan su beneficio propio, sin pensar ni preocuparse por los demás”.
Monseñor Santiago continuó indicando algunos de los riesgos de una sociedad sin Dios para posteriormente señalar que Jesucristo, entregó libremente su vida por nosotros, por nuestra salvación, sin hacer cálculos. “Lo hizo desde la generosidad de cumplir la voluntad del Padre con el fin de darnos vida, como nos ha recordado san Pablo en la segunda lectura. Pero no una vida artificial. No una vida virtual. Sino una vida real y plenamente humana –como la que Él vivió–, que tiene como meta la vida eterna, participando de su resurrección, con la que nos abrió un nuevo horizonte de futuro, del que María, asunta a los cielos, participa ya plenamente”.
El obispo continuó su homilía recordando lo afortunada que fue nuestra tierra hace dos meses con la visita del Papa. “Alcemos la mirada, con esperanza, hacia ese futuro de salvación. Así nos lo decía León XIV: “Desde este puerto, que lleva el nombre de la Santa Cruz, mi pensamiento se extiende al mundo entero y a sus heridas, que hacen sufrir a pueblos enteros. A todos quisiera repetirles el lema de este viaje: “¡Alzad la mirada!” […] ¡Levantemos la mirada como lo hizo María, la Madre de todos los que sufren, y guiados por ella retomemos el camino con esperanza!».
Monseñor Santiago quiso extender esta invitación no solo a cuantos sufren en nuestra sociedad canaria a causa de la exclusión, sino también a los pueblos hermanos de Venezuela y de Colombia, a los migrantes, a los que viven continuamente en lugares de guerra, a quienes son víctimas de las injusticias sociales y desigualdades económicas y a los que son víctimas de los abusos y de la violencia. “Con María de Candelaria alcemos la mirada, también nosotros para no quedar indiferentes ante estas situaciones de dolor, sino que, movidos por una compasión sincera, ofrezcamos nuestra ayuda fraterna a quienes peor lo están pasando”.
Parafraseando de nuevo al Papa, el obispo expresó que tenemos “el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor» (MH, 15). Esplendor que nada ni nadie puede eclipsar pues Él es la luz del mundo, añadió el prelado.
Por último, Santiago deseó que, como María, sepamos vivir en plenitud nuestra condición humana, que Dios ha creado y nos ha dado, sirviendo a los demás, especialmente a los pobres y vulnerables.
Tras la Eucaristía, la imagen de la Virgen de Candelaria no pudo salir en procesión por las calles Obispo Pérez Cáceres y Los Príncipes, tal y como estaba previsto, debido al fuerte viento. En cualquier caso, la imagen pudo ser contemplada en el pórtico de la Basílica. Un momento muy esperado que fue celebrado con una lluvia de voladores y gritos de “Viva la Virgen de Candelaria”.