La CF pre-Eucarística Chilena fue recibida hace más de dos décadas en la Diócesis Nivariense. Su acogida y frutos han sido satisfactorios, pero su implementación ha carecido de una mínima inculturación. Los esfuerzos que en este momento se están realizando son laudables, de cara a contar con un material propio que tenga en cuenta la realidad socio-cultural de las islas, o con algunos más pertinentes para el siglo XXI en las canarias occidentales.
Alguno de los retos que para el presente y futuro inmediato tiene nuestra CF en la Diócesis Nivariense los cuales coinciden fundamentalmente con las grandes cuestiones que presenta en todas partes este sistema de CF pre-Eucarística podrían ser:
– Una verdadera catequesis de adultos. Se trataría de configurar un itinerario que sea un verdadero modelo de catequesis de adultos adulta, a la que se dedicaran medios humanos y recursos materiales suficientes y prioritarios. Si sólo se implementa como una catequesis para preparar a los hijos a la primera Comunión, la CF se vería seriamente desvirtuada. Este proceso sería deseable que proporcionase a los padres un verdadero catecumenado de re-iniciación cristiana que, partiendo de su real situación, los conduzca progresivamente hasta la madurez de la fe. Este modelo sería conveniente que estuviera basado, y se desarrollase, a partir de la vida de fe de los esposos y su vida familiar concreta.
– Los niños no podrán ser descuidados. Tendríamos que lamentar que no se aprovechasen adecuadamente las oportunidades pedagógicas propias de cada edad. La CF podría abarcar, con diversos modos y acentos, un ciclo más amplio que el actual, abarcando tanto el despertar religioso como la iniciación cristiana del niño.
– Los objetivos de la CF. Éstos pudieran ser muy ambiciosos para la duración del actual itinerario. Se requeriría una especial atención a la acogida, mentalización y motivación de los que la inician, de cara a ayudarles a pasar de una demanda de sacramentos a una demanda de fe, de una delegación de responsabilidades a una asunción corresponsable de las mismas, de una fe rutinaria o infantil, a una fe adulta en una iglesia adulta. En el fondo late la necesidad de imprimir un talante misionero a todo el proceso.
– Cuidar con esmero las intenciones. No se trata de hacer un chantaje a los padres y madres, sino de motivarles a seguir este proceso por el bien de sus hijos e hijas, el propio y el de la entera familia, facilitando así la coherencia pedagógica y catequética en la educación cristiana, así como el desarrollo integral de las personas.
– Los agentes implicados en el modelotienen que ser especialmente capacitados. Su formación básica, específica y permanente es una tarea fundamental. Habría que mejorar la misma y perfeccionar los procesos de cara a que la metodología fuera suficientemente conocida, y aplicada de forma flexible y personalizada.
– El temario de los encuentros debe estar bien inculturado. Ésta es una exigencia de la fidelidad a la persona que es parte activa de este proceso. De esta manera se facilita que éste conecte con la vida concreta de sus referentes, tenga presentes sus inquietudes, su lenguaje, y tienda a producir una vida más conforme con el querer de Dios. No nos parecería conveniente continuar con el progresivo crecimiento contenutístico y cuantitativo de cada encuentro, pues ello dificulta su comprensión y real desarrollo en ambientes de una cultura o alfabetización religiosa no muy elevada.
– Nuestro proceso tendrá que prever convenientemente la situación de los padres y madres con varios hijos que, en años sucesivos, vayan a recibir la primera Comunión. Igualmente es una necesidad creciente tener en cuenta el número creciente de familias en situación que llamamos ‘irregular’ en la vida de la Iglesia, o aquellas que están en dificultades de cualquier tipo. Cada persona y circunstancia tendría que ser especialmente discernida, dentro de unas orientaciones y principios diocesanamente conocidos y aceptados.
– La cuestión de la obligatoriedad. Creemos que este itinerario podría ser un medio muy conveniente y aconsejable, incluso una opción preferencial real. Ahora bien el cuidado de las motivaciones es esencial. En este sentido, a cada circunstancia deberían corresponderle actitudes apropiadas y medios adecuados, en los que se cuide al máximo la centralidad de la persona y su libertad, sin que ello suponga una menor exigencia y rigor en los procesos que se emprendan, en nuestro caso, de cara a hacer efectivo y operante el ministerio catequético de las madres y padres.
– Por último, la CF estará integrada convenientemente en el proyecto diocesano de catequesis que, de manera íntegra, articulada y coherente, coordina los diferentes procesos catequéticos que ofrece la Diócesis, siendo la parroquia su ámbito habitual, como lugar más significativo en el que se forma y manifiesta la comunidad cristiana, la cual deberá ofrecer opciones pastorales adecuadas a los padres que finalicen el proceso.