La residencia lagunera de Nazaret acogió este sábado una conferencia del jesuita Olaizola sobre
la Semana Santa como «encrucijada de la vida».
Olaizola invitó a realizar una triple mirada al mundo, Dios y nosotros. Su preámbulo estuvo centrado en la fragilidad, la vulnerabilidad. Todos- dijo- tenemos los pies de barro y el corazón de fuego». Es decir, cada persona tiene límites, fragilidades, incluso las más virtuosas. Y todos, a su vez, tenemos capacidad de apasionarnos con algo, poseemos un corazón de fuego. «Todos tenemos un corazón capaz de inflamarse por algo, por alguien». Les ofrecemos una síntesis de sus dos interesantes reflexiones.
Desde la Pasión de Jesús el ponente sostuvo que «la pasión conmueve, es un relato universal que habla de nuestras vidas». La Pasión atraviesa el tiempo y sigue siendo un relato de nuestros días. Hay encuenetros, palabras, silencios, encrucijadas…
Tras la introducción Olaizola disertó sobre la fragilidad desde la figura de Pedro: «La pasión de Pedro». Él era un hombre «normal». «Eso es muy bonito»- sostuvo. Su vida parece ya decidida, asentada. La rutina forma parte de toda existencia, pero hay un elemento de inconformismo en él. Está abierto a la «novedad». Jesús despierta en Pedro la «imaginación dormida y estuvo dispuesto a correr el riesgo». Ello le llevó vivir tres cosas: La pasión por vivir algo nuevo, la disposición para aprender y la amistad como motor.
La pasión por vivir en Pedro – dijo- hace de él una persona inquieta. Tenía interés y frente a la inercia tenía libertad y frente a la seguridad tenía capacidad de arriesgar. Es curiosidad, imaginación, riesgo.
La disposición de aprender. Pedro pudo ir «aprendiendo» con Jesús. Para aprender hay que tener una actitud de apertura. En este punto el ponente invitó a preguntarse: ¿Dónde aprendo yo? Libros, personas, películas, tele, música…? ¿Qué cosas van dejando huella en mí? Hay tantas pesonas ignorantes que se creen lumbreras, cuando en realidad necesitamos aprender.
El tercer elemento es que su pasión es «amistad»: Supone una implicación personal. Nuestro personaje tuvo una disposición personal, afectiva con Jesús grande.Tenía deseo de seguirle. La pasión, por ello, no puede ser sólo personal, no es una cosa sólo de la cabeza, influye en la vida, «coge» el corazón.
Desde estos tres elementos- prosiguió José M. Rodríguez, Pedro fue creciendo, se siente más lider. Él se abrío a una lógica nueva; a un camino hermoso, pero con dificultades. Hay tres fuentes de conficto en cualquier camino. El conflicto con los otros. En su caso, Jesús dice cosas que molestan. Le dió vuelta a algunas categorías de la época con gran libertad. y el conflicto trajo amenazas y eso da miedo. La encrucijada se hace presente.
Hay otro enfrentamiento de Pedro, el que tiene con el propio Jesús. El Evangelio no es «fácil». Muchas de las cosas que plantea Jesús nos inquietan, nos descolocan. Le ocurrió a Pedro y a nosotros. Y, la tercera fuentes de conflictos es la «propia ambiguedad». El contraste entre el ideal y la realidad. La limitación en cada uno es diferente, pero existe. En cualquier caso su inimaginable camino fue y es bonito. Compartió cosas admirables, intemperie, emocines, experiencias….
En cuanto a la Última Cena, recordó el religioso que la Pasión comenzó con una Fiesta, una Cena. «Tuvo que ser
un rato precioso». El Maestro compartió con ellos su entraña más profunda. En ella Pedro recibe tres buenísimas noticias – dijo: La fraternidad (son hermanos). Ella no es sin más ausencia de dificultad o conflicto, sino que éste no tenga la última palabra. La segunda buena nueva es el servicio. Le cuesta entenderla y, sin embargo, es tremendamente liberadora. Es tan hermosa lección como difícil. No es una carga el servir, es liberarse de la exigencia de la reciprocidad, de la lógica de la negociación, del «algo querrá». Es posible la gratuidad y descubrir eso es fantástico pues libera del cálculo, cambia la mirada. Y, la tercera buena noticia, es la misión, el ministerio. Dar la vida, pan que se parte y se reparte. Cada uno aporta su fortaleza para convertirla en talento.
Pedro recordó en la Cena que lo que unía, Jesús es una posibilidad real. No es idíco o bucólico. Pero la lógica del servicio libera y todos y cada uno tienen una misión. Y entonces viene su «tragedia». Le asalta la fragilidad de tres maneras: Se duerme. Uno de los modos de dormirnos en quedarnos atrapados en la introspección, quedarse atrapados en el yo, ensoñaciones, vivir con los ojos cerrados a la realdiad, a las posibilidades que hay.
La segunda reacción de Pedro, que trasluce su fragilidad, es su reacción ante la detención de Jesús. El camino de los atajos, las opciones incorrectas cuando en nuetra mano está decicir. Y, tercero, Pedro niega a Jesús con tres afirmaciones cada una más tajante. Pedro niega por miedo. Cada uno tenemos nuestros miedos, pequeños o grandes.
Pedro falla a Jesús, pero es «capaz de llorar». Es capaz de descubir su verdad. Ante ella caben cuatro respuestas: la negación, la justificación, venirse abajo, pero Pedro recuerda la misericordia. No somos perfectos. Esa experiencia de llorar es importante.
¿Qué aprendemos de la fragilidad, de nuestros pies de barro? Esta fue otra de las cuestiones desarrolladas por Olaizola. En este sentido, nos hace humanos, si acepto que no soy perfecto sino frágil, aceptaré eso mejor en los demás, en tercer lugar ello supone un proceso de cambio. Lo que Pedro no fue capaz de hacer en un momento, después de un itinerario fue capaz. Y, por último, la fragilidad nos ayuda a entrar en la dinámica del perdón. Necesitamos el perdón. No está en nuestra mano el exigirlo. En las lágrimas de Pedro están las lágrimas de tantas mujeres y hombres.
SEGUNDA INTERVENCIÓN
La segunda reflexión de José María Rodríguez Olaizola estuvo centrada en los escenarios de la pasión. Como introducción enfatizó que «las personas somos libres». Cada uno, en general, podemos optar, elegir cómo vivir la vida. La Libertad – dijo- está en el corazón del Evangelio. Eso no significa que lo podamos vivir todo. El amor contemporáneo es una aventura de la que no queremos privarnos siempre y cuando no nos prive de ninguna otra aventura- dijo citando a un filósofo Francés.
Por ello, el primer escenario que desarrolló fue las encrucijadas vitales. En la pasión – para este jesuita- hay tres: Ellas están encuadradas en los tres juicios y los tres jueces de Jesús En ellos se enfrentan dos maneras de entender la vida.
Primero, Caifás. Tiene dos extremos. Elige el camino de la seguridad, lo que siempre se ha hecho así. Para no caer en buenos y malos, el ponente se adentró en un intento de entender «los motivos» de Caifás. Su límite fue la intransigencia, el no aceptar la duda, pero tenía aspectos positivos. Frente a esta encrucijada, el camino que elige Jesús es el de la incertidumbre, el del abismo de «saber» hasta cierto punto, de intemperie, de duda. Hoy es muy difícil dialogar con quien piensa distinto. Parece que hay cada vez más temas tabúes. Nos encontramos desarmados porque nos cuesta o no sabemos dialogar.
Segundo, Herodes. Personaje muy contemporáneo. Representa la superficialidad, quedarse en la anécdota: «Hazme un milagro». Tenemos dificultad para la profundidad, para la hondura. Nos cuesta entrar en algo a fondo. Es más sencillo surfear, ir de cosa en cosa. Cimientos sólidos para la vida – propuso. La hondura para Olaizabal es entender lo que está en el fondo. Tras lo sencillo está lo auténtico,;tras lo pequeño está lo real. Salir del tópico y del títular es un buen ejercicio, para el religioso, de cara a no vivir de «titulares». Jesús huye de los circos, de los golpes de la inemediatez. La pasión pide aceptar ese punto de pregunta, de necesidad de tiempo, de silencio. En el silencio buscar matices, la sutileza de las cosas.
La tercera encrucijada es cuando vuelve el jucio a Pilatos. No es un necio ni un frívolo. Sabe lo que está en juego. Hace intentos, pero llega un momento en que tiene que optar. Lo que me conviene a mí, o la verdad y la justicia. Cuando se ve ahí, elige lo que le conviene a él: Suelta al asesino y condena al justo. Es lo útil para sus intereses. También Jesús pasó por esta decisión, por este dilema. Pero Él elige la verdad. Todos y cada uno pasamos por esta encrucijada. Vivimos en una sociedad egocéntrica. De tanto preocuparse por uno, podemos ser personas angustiadas. La pasión llama a la generosa justicia, la honestidad, a lo no conveniente.
El segundo escenario es a dónde lleva la situación a los personajes. Los tres quedan en un escenario que el ponente denomina «las jaulas de oro».
Caifás se queda en la jaula de oro de la tradición y la seguridad mal entendida. Es esclavo de las convicciones que no pueden tambalearse. Es una persona marcada por una lógica perversa. Es preso de esa decisión.
Herodes, por su parte, tiene la jaula de oro del entretenimiento, de la ignorancia lúcida, de no echar raíz, la palabrería. Quizá por este camino se «llega al final de la vida sin haber vivido». Elegir una vida plana, en blanco y negro, o real y en color: Esa es la opción. La jaula de oro es creerse que la vida es un carnaval.
Pilato, la jaula de oro de la conciencia. Tiene que elegir entre sus intereses y la verdad y la justicia. Se lava las manos inútilmente. Opta por él. Cuánto egocentrismo. Jesús en cambio opta por otro camino.
Jesús, por su parte, opta por el camino de la intemperie. El espacio de la vida con mayúsculas, donde todo es real, concreto, auténtico. El lugar donde la tormenta te puede pillar. Los grandes en la historia han optado por la intemperie en vez de por la seguridad. Es ser capaces de salir a los espacios donde te juegas la vida.
Por eso nos preguntamos: ¿Y yo? ¿Cuáles son mis intemperies? Por ejemplo, las del creyente. ¿Quién no tiene dudas? Fe es ser capaz de vivir con lo poquito que uno intuye y cree, y con las dudas. Hay intemperies vitales, la del salir al lugar de los frágiles, los rotos; las edades, envejecer.
El tercer gran escenario es «el Gólgota». Pasan muchas cosas en él. A través de las siete palabras hay propuestas para la vida de cada uno hoy. La primera es la palabra del perdón más radical. El perdón no es una cosa automática. No es una cuestión de condiciones. El que perdona se niega a quedar cautivo de quien le ha ofendido. Libera de la espiral de la violencia y el rencor. Es saber que el otro necesita otra oportunidad pues es fragil.
El ladrón. Aquel mágico momento en el que el ladrón y Jesús dicen y escuchan la palabra que cada uno necesitaba. Ese es justo…Hoy estarás en el paraiso.
El encuentro de la gente que se necesita como el de Juan y María al pie de la cruz.
Dios mío por qué. La experiencia de la soledad. Muy dura. Un escalofrío. Pero soledad hay en toda vida. Es distinta en cada persona. No convertirla en un drama es la cuestión. Es parte de una cierta tensión. Pedir ayuda, acepta la no completud.
Tengo sed. El deseo profundo. Nuestro mundo seduce con el grito de la omnipotencia: Hay que poderlo todo. ¿Cuándo fue la última vez que pedí ayuda de verdad; mostré debilidad, desconcierto? La sed refleja nuestras «hambres».
Todo está cumplido. Es hermosa expresión. Su sentido es que todo está completado. He hecho lo que tenía que hacer. Qué bueno poder experimentar ésto. No es para el último día, sino para el final de cada día.l hoy he vivido a fondo, he amado, descansado, trabajado, perdonado. Y que cuando llegue el último día que no me quede por algo que dar entre los dedos.
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. La expresión de la confianza. Dejamos que su amor tenga la última palabra. En sus manos ponemos todo y nos ponemos.
Así concluía la personal visión de este jesuita de la Pasión, de la Semana Santa como encruciijada de la vida. No desesperemos- dijo- pese a todo. La callada no es la respuesta de Dios. La vida espera, pujante, para vaciar los sepulcros de una vez por todas.
JOSÉ MARÍA RODRÍGUEZ OLAIZOLA (Oviedo, 1970) es jesuita. Desde hace años, combina la labor como escritor con su trabajo pastoral, y en proyectos de comunicación y evangelización a través de internet como pastoralsj o rezando voy. Entre otros libros, ha publicadoEn tierra de nadie / La alegría, también de noche / Hoy es Ahora / Contemplaciones de papel / La Pasión en contemplaciones de papel/ forjadores de historias.
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