Tras la incertidumbre en cuanto a la posibilidad de lluvia, al final, la tarde de este sábado 27 de octubre en La Laguna, derivó en un inmejorable marco para celebrar los actos de despedida de la imagen de la Virgen de Candelaria. A las 18:00 horas, la Patrona de Canarias partía desde la Santa Iglesia Catedral en dirección al monasterio de las Catalinas y posteriormente al de las Clarisas. De esta forma, la Virgen en su advocación de la Candelaria también se quería hacer presente en esta importante realidad de la vida contemplativa. En ambos monasterios se desarrollaron dos sencillos momentos de agradecimiento por la visita de la madre de Dios.

Seguidamente, en un gran clima de recogimiento, numerosos fieles y devotos acompañaron a la imagen de la Virgen de Candelaria por la calle Viana hasta su desembocadura en la plaza del Cristo. Sin duda, uno de los momentos que se quedarán grabados en la retina de quienes han seguido de cerca esta peregrinación mariana. De hecho, muchos no pudieron contener las lágrimas cuando el Santísimo Cristo de La Laguna encaró a “su madre” para encontrarse en el centro de la plaza.

Tras este emocionante momento, las imágenes fueron colocadas en ambos laterales del escenario donde se celebró la Eucaristía. Dos pantallas facilitaron el seguimiento de la celebración ya que, según datos oficiales, en la plaza del Cristo se reunieron en torno a 15.000 personas.

En la parte musical se interpretó la Misa de conmemoración del centenario del Orfeón La Paz del compositor Rafael Estévez González, dirigida por Juan Ramón Vinagre Delgado. Asimismo, también intervino el Coro Epifanía de la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna.

En la homilía, el obispo comenzó indicando que las lecturas de la celebración correspondían a las de hoy y mañana porque “así se pone de manifiesto que somos la familia de Dios”. Monseñor Bernardo Álvarez recordó una bonita frase de San Juan Pablo II: “Desde hace dos mil años, la Iglesia es la cuna en la que María coloca a Jesús y lo entrega a la adoración y contemplación de todos los pueblos”. En este sentido, recordó que Dios envía a sus hijos para que, por la fe, sea engendrado en cada ser humano.

Posteriormente, el prelado nivariense se centró en la idea de la maternidad de María, diferenciando un plano físico y uno espiritual. “María es la Madre de Dios no solo porque le ha llevado físicamente en el seno, sino también porque le ha concebido antes en el corazón, con la fe”. Al hilo de esta reflexión, el obispo apuntó que, como sabemos, puede darse en ocasiones una maternidad incompleta. “Por desgracia, también en el plano espiritual existe esta triste posibilidad. O sea, existe el peligro de escuchar la Palabra de Dios sin ponerla en práctica”.

Monseñor Álvarez finalizó su homilía recordando que “cada vez que encendemos una vela ante la imagen de María o de los santos, estamos pidiendo ser iluminados por Cristo, que es la luz verdadera, el que ilumina por dentro”.

Particularmente significativas fueron las ofrendas de la Misa. Además del pan y el vino, se quiso ofrecer un farol encendido como signo de la Misión con la que está comprometida nuestra diócesis. Además, se ofreció un baúl con las peticiones que a lo largo de esta peregrinación, se han ido colocando en la urna que ha acompañado a la imagen de la Virgen. El humo del incienso quiso simbolizar esas oraciones ascendiendo a la presencia de Dios.

En la parte final de la celebración, antes de la bendición, el obispo quiso agradecer a todas las personas que han colaborado y trabajado para que esta “visita” haya salido lo mejor posible. Con paciencia, y con la voz entrecortada en ocasiones, el prelado fue nombrando a cada una de las personas, entidades, servicios, etc., que han contribuido para el referido fin.

Posteriormente, el vicario episcopal de La Laguna, Juan Antonio Guedes quiso dedicarle unas palabras de despedida a la madre de Dios. Tras el “viva la virgen de Candelaria” final, la imagen inició el retorno a la Villa de Candelaria.

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