Poco antes de las doce el obispo inauguró desde el pórtico del Obispado una singular jornada en la calle de S. Agustín de La Laguna donde habían sido instalado poco antes distintos pasos procesionales, conformando un Via Crucis de la Misericordia.

En cada estación se hacía referencia a una de las obras de misericordia cuya práctica  el papa Francisco ha pedido a todos los católicos. Bernardo Álvarez invitò a los participantes y a cuantos a lo largo del día contemplaran el Via Crucis instalado en la calle a ir más allá de lo que se ve y a situarse ante la realidad de la pasión, muerte y resurrección de Jesús como «si estuviera presente en ella».

Después de las doce, junto a la labor de las distintas Hermandades y Cofradías, las parroquias del arciprestazgo de La Laguna desarrollaron, con una notable participación, un Via Crucis especial destinado a las niñas y niños de la catequesis.