Hay un momento de cambio en la vida que es casi imperceptible. Es ese momento en el que dejamos de utilizar los cuadernillos Rubio en verano. No sabemos muy bien cuándo sucede, pero nuestro concepto de vacaciones se tambalea por un momento y descubrimos que hay infinitas posibilidades que se nos habían escapado mientras estábamos centrados en los libros. Años más tarde, cuando ya hemos crecido un poco más, esas posibilidades piden a gritos convertirse en realidades en potencia.

Si los cuadernillos de repaso y los interminables días de playa no terminan de llenarte debe ser que tu cuerpo empieza a pedir más. Más como pidieron los jóvenes que se acercaron a Alejandro Abrante para organizar un Campo de Trabajo que acogiera a gente joven con inquietudes solidarias. Abrante nos habla del Campo de Trabajo de Savia Nueva como una manera de “vivir un verano diferente, una semana junto a otros donde poder conocerte a ti mismo”. Una idea que surgió hace años y que estaba dirigida a jóvenes mayores de 17 años que han conseguido contagiar a otros adolescentes hasta el punto de crear el llamado “Campo de la Alegría”, un espacio con ligeros cambios que permite a los menores de 17 participar de forma activa en las diferentes labores solidarias que antes eran solo cosa de mayores. “Hemos apostado porque los periodos de vacaciones, además de estar con la familia, los amigos y descansar, son también un tiempo para crecer, un tiempo para compartir con otros las mismas inquietudes o incluso descubrir las inquietudes que no sabías que tenías” así nos habla Alejandro Abrante, responsable de los grupos parroquiales de Savia Nueva, que nos confirma que la solidaridad no tiene por qué estar reñida a la fe, sino ser un vehículo que nos lleve hasta ella. El Campo de Trabajo es una forma de “compartir inquietudes solidarias, altruistas… e incluso de fe y de misión, ¿por qué no?”

Pero hablar de campamentos de verano no es hablar si no tenemos en cuenta a los Scouts Católicos. Solo en Tenerife cuentan con 7 grupos que cada año se reúnen en verano para que los niños y jóvenes lleven a cabo allí el progreso de su año de Scout conocido como ronda solar.

Fabián Brito López, Presidente de la Asociación de Scouts Católicos de Tenerife, nos comenta las actividades con las que suelen complementar estos campamentos: “Normalmente hacemos actividades de salida, algún Forestal Park o Siam Park. Fuera también hacemos visitas culturales para conocer la realidad local en la que estamos, además de actividades de progreso personal del niño”.

Los campamentos, que suelen durar de 10 a 15 días y tienen lugar entre mediados de julio y mediados de agosto, incluyen ambientaciones específicas, temáticas en torno a las que giran las actividades a realizar. Todas estas experiencias son acordes a la etapa evolutiva a la que pertenezcan los niños y jóvenes, ya que los Scouts Católicos se dividen en 5 ramas (Castores, Lobatos, Rangers, Pioneros y Rutas): “Depende de la etapa evolutiva en la que ellos se encuentren, su metodología va enfocada a diferentes áreas. Los mayores tratan el servicio, implicación social o voluntariado”.

La Asociación de Scouts Católicos ha colaborado en otras ocasiones con proyectos de Cáritas y otras organizaciones a través de la experiencia de campamento de sus grupos más adultos. Sin duda alguna, una labor cansada, pero gratificante, tal y como expresa Brito: “físicamente al final del campamento acabas agotado, pero la parte espiritual de todos nosotros, ver el desarrollo de los niños, es el mayor descanso de la vida laboral y estudiantil que tenemos”. Y es que las vacaciones ya no son lo mismo para los monitores de los Scouts, quienes dedican el periodo de descanso de sus trabajos y estudios a organizar y acudir a estos campamentos: “es un confort para nosotros que hace que dediquemos nuestras vacaciones a ello”.

También encontramos personas a las que su isla se les queda pequeña y sus inquietudes de misión son más fuertes que sus anclajes a la tierra. Bárbara Méndez es una de las tres jóvenes que este verano partirán desde nuestra diócesis hasta Marruecos para participar en un Campo Solidario con misioneros organizado por las Misioneras de Nuestra Señora de África.

Una madeja de casualidades llevaron a estas jóvenes a contactar con este grupo de Hermanas a través de la revista Súpergesto, a las que luego conocieron en el Encuentro Misionero de Jóvenes de Madrid. Bárbara nos explica con ilusión que ésta será su segunda experiencia en África, después de haber viajado a Burundi en el verano de 2014 con su grupo de animación misionera GAMIR.

Aunque ella repite en el mundo de la misión nos confiesa que “esta es una buena preparación para luego hacer una experiencia misionera, porque te introducen a la misión” aunque “nos faltan las nociones básicas que nos dieron en Burundi a nivel cultural, ya que es un ambiente completamente diferente en un país musulmán”. Además, invita a todos aquellos con inquietudes misioneras a indagar en internet y otras publicaciones para informarse: “Hay falta de información con estos proyectos, si no estás en el meollo del asunto a esa información no llegas”. Afirma tajantemente que mucha gente descubre a Dios allí (en la misión) y que es la parte buena de la Iglesia que se debería dar a conocer para que muchos otros descubran su fe. Cuando le preguntamos sobre su concepto de vacaciones, nos comenta entre risas que ya no le llena el “turistear” cuando hay tantos lugares y gente que conocer por ahí, y que la experiencia misionera también tiene ese punto “egoísta” en el que “al final te ayudas a ti mismo. No vas a salvar el mundo y menos en dos semanas o un mes. Te ayudas a ti mismo a ser una persona distinta en el lugar al que vuelves”. Sobre sus expectativas para este verano parece que Marruecos será un lugar donde encontrar respuestas: “¿Qué me dice la misión ahora? Tenía mi idea con Burundi de que sería de una determinada manera. Quiero ver qué me dice ahora en mi punto de la vida”.

Un testimonio que Bárbara concluye con una reflexión de su espíritu misionero: “Es imposible ver y no sentir”. Quizás el resumen de todas estas historias se reduce a eso: personas que abrieron su mundo a ver qué cosas faltan por hacer ahí fuera. Nos quejamos en muchas ocasiones que estamos perdiendo la esencia de la vida, de las tareas que realizamos; puede que el problema esté en que pasamos nuestro tiempo con la cabeza agachada, sin echar un ojo a lo que hay por ahí. Hay mil cosas que ver y mil momentos que sentir. Regálate un tiempo para sentir este verano –aquí te dejamos solo algunas ideas-, pero no pienses que todo está escrito después de los cuadernillos Rubio.

Juan Carlos Rodríguez, Iglesia Nivariense junio 2015