Durante meses, las distintas parroquias llevaron a cabo acciones para recaudar fondos, así como la entrega de un gesto solidario en la misa de cada municipio ante la patrona, en la parroquia de El Salvador.

Hace dos meses, varios miembros de Cáritas en La Palma tuvieron la oportunidad de viajar a Mauritania para comprobar in situ el resultado de este proyecto, así como conocer el trabajo que realizan conjuntamente nuestra Cáritas con la Cáritas mauritana.

Uno de las personas que vivió esta experiencia fue Joshua Pérez Martín. Este joven de 28 años, natural de Mazo, es en la actualidad coordinador del grupo juvenil de Cáritas de la parroquia. Pérez recuerda cuando se planteó la idea de conseguir los fondos necesarios para la ambulancia. «La propuesta partió de los animadores de Cáritas pensando en no solo ayudar a los de aquí, sino también a los de fuera. Tras dar el visto bueno a la idea, se empezó a trabajar desde las Cáritas parroquiales para recaudar el dinero.

En mi parroquia, por ejemplo, los chicos hicieron ambulancias de gomaeva para vender algo significativo y simbólico del proyecto.» Joshua expresa que cada donativo supuso un pequeño grano de arena que juntos hicieron posible algo tan grande como contribuir a salvar vidas.

«Lo primero que pensé al llegar a Nuakchot fue que es cuestión de suerte nacer en uno o en otro lado. Me impresionó comprobar cómo se materializó ese dinero que muchos pusieron en una hucha, en una ambulancia que ellos allá no se cansan de valorar. Este vehículo va a uno de los barrios más pobres de la capital mauritana. Fuimos a conocer dónde está el centro de salud y al hablar con los usuarios, te das cuenta que lo más importante de tener esta nueva ambulancia es que han ganado en esperanza de vida.»

Las carreteras en esta zona del país son de tierra y con muchos baches. La ambulancia sustituida por el nuevo vehículo estaba vieja y era muy baja. En muchas ocasiones, los partos se producían en el interior de la maltrecha ambulancia ya que se hacía imposible llegar a tiempo al hospital o al centro de salud. Esto suponía poner en riesgo las vidas tanto de la madre como del recién nacido. «El barrio donde va la ambulancia -indica Pérez-, tiene 140.000 habitantes y solo está este vehículo para toda esa población. Por poner un ejemplo, en Mazo, que es un pueblo de 5.000 habitantes, tenemos una ambulancia fija día y noche. Por eso, comprobar que ahora pueden llegar al hospital en buenas condiciones y a tiempo para que los médicos puedan tratar los partos, es una gran alegría».

* (Reportaje extraído de la revista «Iglesia Nivariense» de Enero 2016)