Me gustaría darle otro nombre a los días de confinamiento, si me permiten la licencia y aunque tan sólo sea para sacarles una sonrisa; y como diría una amiga con la que he hablado últimamente, llamarlo “confitamiento”. Para mí está siendo un tiempo de dulces alegrías y regalos al corazón. Con ello no quiero parecer una insensible o evitar una realidad que nos está golpeando tan duramente y que sufren muchos de nuestros hermanos.

Hace días, durante la oración a la que nos convocó nuestro querido Papa Francisco, dijo algo que me ha hecho reafirmar algo que sentía muy a dentro: “nuestro planeta, la madre tierra, lleva tiempo enferma, y nosotros, como parte de ella, también hemos enfermado”. Sí, lo hemos hecho: enfermar de egoísmo, de indiferencia, de ruido, de prisas, de superficialidad ante el otro. Nos ha tenido que sacudir algo tan grande para hacernos reaccionar ante la falta de amor, que al igual que un cáncer, estaba matando la VIDA que estamos llamados a transmitir.

Ahora, hoy, momento presente, estamos macerando en un “confitamiento” que, al igual que los bizcochitos que sumergimos en almíbar, café o leche para preparar nuestro postre favorito, está empapando todo nuestro ser de amor, solidaridad, paz, alegría, agradecimiento, fuerza interior y sobre todo unión. Nos une porque todos vivimos la misma situación, formamos parte del mismo hogar y tenemos un mismo Padre.

Todos y cada uno de nosotros endulzamos la vida del otro desde la más pequeña hasta la más grande de las acciones que tantos estamos llevando a cabo en estos días, y todas son necesarias y maravillosas: desde llamar a alguien que tenemos lejos y se puede sentir solo, a exprimir la vida en un hospital cuidando a los enfermos de Covid- 19. Esto es lo que nos hace grandes dentro de nuestra fragilidad, y nos hace ser Uno con el que tanto nos ama y nunca nos abandona.

Yo, Nieves, estoy en casa, junto a mi familia, sin hacer grandes cosas pero sintiéndome muy unida a todas las personas que Dios ha puesto en mi vida y también a todas las que no conozco pero siento como hermanos. Esta experiencia me ayuda a sembrar de esperanza, fe y amor el camino que aún me quede por recorrer, y espero y deseo que así lo sea para todos. ¡Porque todos somos uno en Él!