Con el año que ha comenzado se nos vuelve a hacer presente el horizonte que el Espíritu, a través del Papa y del propio Plan Diocesano de Pastoral, nos pone como Visión: El sueño misionero de llegar a todos.

Escribe la visión, grábala clara en tablillas, para que pueda leerse de corrido. Porque la visión aguarda su tiempo, aspira a su fin, pero no defrauda. Si demora, espérala, pues de cierto llegará sin falta”- dice el profeta Habacuc.

Por ello, deseamos aprender a vivir como una Iglesia “en salida”, en estado permanente de misión.  “Que sale realmente de sí misma para ir al encuentro de los que se fueron o de los que nunca han venido y mostrarles el Dios misericordioso revelado en Jesucristo. La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera”.

La alegría, sí. El Papa habla de la alegría como elemento indispensable de la conversión personal y pastoral. No estamos llamados primariamente a realizar tareas, sino a dejarnos encontrar por Jesús.  Los que formamos parte más activa y consciente de la vida de la Iglesia, somos invitados a dejar que arda con mayor fuerza, en nuestro interior y en el seno de las comunidades, la llama de amor viva. Seamos discípulos misioneros de la alegria del evangelio.

El signo de esta nueva etapa evangelizadora es: la alegría. Conviene no olvidarlo. Además, “cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual. En realidad, toda auténtica acción evangelizadora es siempre «nueva»” (EG11).

Por consiguiente, reemprendamos el desarrollo cotidiano del curso pastoral con persistencia y entusiasmo. Fiados de Dios que nos primerea  e invita a involucrar(Se), ahora es tiempo de fructificar y acompañar. Como alguien sugirió, implementemos una “pastoral con corazón de juglares”. Entusiasmémonos haciendo el bien. Es hora de salir, en todo el sentido de la palabra. Anunciemos a Jesucristo, “no como quien impone una obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable” (EG 14).

Todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. La Iglesia no crece por proselitismo sino «por atracción». La actividad misionera «representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia» y «la causa misionera debe ser la primera».  Ya «no podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos». Hace falta pasar «de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera». Esta misión sigue siendo la fuente de las mayores alegrías para la Iglesia (Cf. EG 15).

En fin gracias a cuantos han acogido activamente la llamada insistente de Dios. La visión es hermosa, el desafío grande. “Seamos audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo, y los métodos evangelizadores de las propias comunidades”. Adelante, por pura Gracia, seamos mejores «callejeros de la fe», felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón” de las canarias occidentales.