¿Por qué la gente es solidaria en Navidad y el resto del año se olvida? Esta es la pregunta que se hacen muchas personas que dicen no gustarle la Navidad. Sin embargo, sí que existe el trabajo desinteresado a favor de los más necesitados en otras épocas. Quizás, el problema sea el desconocimiento de estas acciones. Y como para muestra, un botón, el ejemplo lo podemos encontrar en las Cáritas de los diferentes barrios de nuestra diócesis. A mediados de noviembre quisimos conocer en profundidad una de estas Cáritas. Y lo hicimos, aprovechando la semana solidaria en Santa María de Añaza. Una iniciativa que consistió en sacar a la calle todos los proyectos de Cáritas de Añaza para que la gente viera el trabajo que se realiza a lo largo del año. Además, se crearon talleres específicos de relajación, de baile, de empleo, de audiovisuales, etc.

De esta forma, en la avenida de este barrio capitalino se colocaron diferentes carpas, un equipo de megafonía, sillas, paneles informativos, etc. Todo ello con la intención de que las personas que lo desearan, de forma gratuita, se pudieran peinar, hacerse manicuras, limpieza de cutis, comprar ropa de segunda mano, etc. Porque estos son algunos de los servicios que se prestan a través de los cuatro grandes proyectos que tiene Cáritas en la zona: «Añaza por sus Jóvenes» (APJ), «Apadrina una familia», «Mujeres de Añaza Emprendedoras» (MAE) y «Centro de Añaza para Mayores Santa Ana»

Añaza por sus Jóvenes (APJ)

«Añaza por sus Jóvenes» empezó en el mes de abril y, actualmente, tiene cobertura para 24 jóvenes con edades comprendidas entre los 18 y 30 años. Es un proyecto que surge al ver que muchos jóvenes en la zona de Añaza no tenían trabajo o se encontraban sin estudiar. Muchos de ellos abandonaron en su momento la escuela dejando la ESO a la mitad. Gracias a este proyecto tienen unas tareas que hacer, realizan cursos de formación, salidas a teatros, a cines, llevan a cabo caminatas, etc. Asimismo, está «APJ Junior» para jóvenes entre los 15 y los 18 años. Chicos y chicas que sí están escolarizados y que por las tardes reciben apoyo escolar, yoga, informática, inglés, etc.

El fin último con estos jóvenes es que logren un puesto de trabajo. En este sentido, recientemente se ha firmado un convenio con la pizzería «La Ecológica», ubicada en la calle Juan Pablo II de Santa Cruz. La intención es que los jóvenes puedan desarrollar en este restaurante sus prácticas de empresa, lo que posibilita un contacto directo con la hostelería.

El local dedicado para APJ está destinado para la formación, el ocio y el tiempo libre. Está dotado de cañón, proyector y ordenadores. En estos momentos, varios voluntarios guían diferentes cursos como inglés, francés e informática.

Uno de los logros más importantes que se ha conseguido en este proyecto es que 9 de los chicos que no tienen la ESO terminada, se hayan matriculado en el centro de adultos y la estén terminando ahora. Chicos que no se levantaban temprano ni tenían un hábito de estudio ni de trabajo, ya están en la dinámica de ir a clase, estudiar y prepararse los exámenes. Algo que en otros contextos es de lo más normal, en este, es todo un éxito.

Es el caso, por ejemplo, de Jonathan Trujillo. Tiene 29 años y es de Añaza. Llegó al proyecto a través de Pepe, el párroco. «Me dijo que iba a hacer un proyecto para los jóvenes. Ahora mismo me estoy sacando el graduado por las mañanas y por las tardes ayudo a los compañeros en lo que haga falta. Hoy mismo tuve un examen de lenguaje y espero aprobarlo. Aquí me ayudan a preparar los exámenes. Vienen varias chicas a enseñarnos lenguaje, matemáticas, etc., y estoy muy agradecido».

Por su parte, Tatiana Álvarez, tiene 22 años y está estudiando Educación Infantil. Llegó al proyecto en abril. «Me enteré de esta iniciativa y me interesó bastante. Luego hablé con Goretti, la coordinadora y empecé a colaborar. Me dedico a lo que haga falta. No nos estamos quietos nunca y siempre hacemos algo nuevo. Me encanta venir a las clases de francés e inglés porque me forman. Esto para el mundo laboral y para el futuro está muy bien. Muchos de mis compañeros no han tenido la oportunidad de estudiar porque no pudieron en su momento debido a diversos motivos. Ahora lo están haciendo. Están estudiando o haciendo cursos y es fantástico».

Tatiana Álvarez añade que no se imaginaba que la vida de una parroquia podía ser así. «Me sorprendí muchísimo porque lo que ha hecho Pepe el cura por Añaza no lo ha hecho nadie. Hace años esto estaba abandonado y Añaza ha cambiado mucho. Ahora tiene una imagen muy diferente a la que a todo el mundo le puede venir a la cabeza».

 Apadrina una familia:

Otro de los proyectos de Cáritas en Añaza lleva por nombre «Apadrina una familia». Se trata de acompañar a una familia a través de apadrinamientos. Lo que hace el padrino es ayudar a la familia asignada en temas como el acondicionamiento del hogar y la educación de los hijos. En el mayor número de casos son familias monoparentales, es decir, mujeres que tienen a su cargo tres, cuatro o cinco hijos, sin pareja y sin ingresos económicos.

 

MAE: Mujeres de Añaza Emprendedoras

El objetivo de «Mujeres de Añaza Emprendedoras» (MAE) es formar a mujeres que, por lo general, tienen muchas cargas familiares y escasos recursos económicos. Veinte de ellas se reúnen con asiduidad en un local polivalente donde se forman en cosmética, peluquería, bisutería y en cómo llevar la cafetería. Todos estos servicios se ofrecen al barrio a unos precios modélicos.

Muchas de las usuarias de MAE son mujeres que llevan años en la parroquia recibiendo la bolsa semanal de Cáritas. La finalidad del proyecto no es otra que crear una lanzadera al mercado laboral.

Marion Palmés, tiene37 años y llegó a MAE por su contacto con la vida parroquial. «Para mí esto ha supuesto un cambio radical. Desde que me quedé parada, no salía de mi casa», indica esta joven. «Ahora empleo el tiempo que tengo libre en venir aquí. A mí siempre me ha gustado todo lo relacionado con el mundo de la moda, con el estilismo, con la cosmética, etc. Por eso estoy muy a gusto aquí». En MAE, Marion se ha reencontrado con su vocación. «Cuando era más joven, hice cursos de estética, de peluquería…pero tuve que apartarlo todo cuando di a luz a la niña. Luego, como no tenía quien cuidara a la pequeña, busqué trabajos con horarios adecuados al colegio. Estuve cuatro años como empleada del hogar, luego trabajé en una tienda de ropa, en una frutería y luego me quedé parada. Pasaron tres años, me ofrecieron esta oportunidad y vine encantada. La verdad es que no me arrepiento».

En MAE, Marion realiza diversas tareas: cortes de pelo, tintes, peinados, estética, depilaciones, ceras, masajes, limpiezas de cutis, etc. Lo que se cobra es lo mínimo para poder reponer los productos que se gastan. «Nosotros estábamos cobrando una beca subvencionada por el Cabildo,» -indica Marion- «pero ahora la beca se acabó y sacamos lo que podemos para repartir entre veinte mujeres que se dedican a diversas labores».

Por su parte, María del Mar llegó  a este proyecto por medio de Pepe el sacerdote. «Mis labores consisten en atender a la gente más necesitada lavando ropa y planchando. Además, vendemos ropa de segunda mano. Tenemos precios muy económicos. Todo lo que sacamos aquí va destinado para mantener la lavandería y el centro de mayores «. María del Mar y su marido actualmente no tienen trabajo. Solo reciben la ayuda de Cáritas pero ella no pierde la esperanza y se ofrece para lo que la necesiten. «Estoy muy agradecida por cómo me han acogido aquí. Me siento muy útil. Además, soy catequista de la parroquia así que cosas para hacer no faltan».

Huerto Urbano

Algunos de los frutos de la vida parroquial de Santa María de Añaza no se recogen de las ramas, sino de las propias raíces. Y es que los alrededores de la parroquia están destinados para huertos urbanos, divididos por parcelas. La intención es que cada familia trabaje una parcela y todo lo que recolecte lo dedique al consumo propio. Asimismo, también aporta una pequeña cantidad para vender los sábados en el huerto ecológico. El dinero que se consigue se reinvierte en el proyecto. De esta forma, logran mantener las plantas, el agua para el riego, etc.

 Centro de Mayores Santa Ana

El Centro de Mayores Santa Ana se ha abierto recientemente. Es un proyecto que tiene dos locales. Por un lado, una tienda con artículos de segunda mano, lavandería y costura. Y por otro lado, el centro de mayores propiamente dicho, dotado de cocina, un salón de lectura y una sala de televisión. Además, con los mayores se llevan a cabo diversos talleres y los acompañan a pasear, a la piscina, etc. En definitiva, la intención es darle a los mayores del barrio una posibilidad de ocio que hasta ahora no la tenían.

 

«Añaza es un barrio donde hay gente que hace cosas buenísimas»

Todos estos proyectos no han nacido de la noche a la mañana. Hay mucho esfuerzo detrás, mucho trabajo desde la base y sobre todo, mucha constancia y fe. Según el sacerdote José Félix Hernández, Pepe como lo conoce todo el mundo, lo importante es crear redes donde se puedan ir generando espacios de solidaridad. «Esto es un trabajo que se lleva haciendo desde hace años. Poco a poco, hemos ido trabajando primero en la comunidad con pequeños grupos y talleres. Después, hemos tenido la opción de ir accediendo a una serie de locales en el barrio que se nos han cedido para ir estableciendo unos proyectos con vocación de estabilidad».

Pepe hace hincapié en que todo lo que se lleva a cabo tiene que ver con el desarrollo integral de las personas. «Es muy importante la formación para una búsqueda activa de empleo. Es decir, hay que potenciar todo lo que suponga una ayuda a salir de la marginación y pobreza en la que se pueda encontrar la gente. Siempre partimos de la base de que la pobreza no tiene solamente un rostro. La pobreza no es la ausencia de bienes materiales. La pobreza es la falta de autoestima, el abandono personal incluso en el plano corporal y físico, la falta de estímulos y esperanzas a la hora de formarse, etc. En definitiva, lo que intentamos es, en cierto sentido, reconstruir personas. Una tarea que necesita tiempo y mucha dedicación». 

Pepe recuerda como en Añaza, hace años, se empezó apostando por los sectores de la mujer y la familia, luego trataron el tema de los jóvenes y ahora el de los mayores, con la reciente apertura del Centro Santa Ana. Además, los huertos urbanos han servido para afrontar el tema del paro de los hombres, ya que los varones son los que más están implicados en este proyecto.

Todas estas iniciativas no solo han cambiado la vida de muchas personas sino la propia fisionomía del barrio. A pesar de todo, según expresa Pepe, sigue siendo difícil cambiar la imagen estigmatizada de Añaza. «Como cualquier otro barrio, existe una realidad donde sabemos que hay cosas que no funcionan pero hay otras muchas que sí van bien. Lo bueno hay que seguir dándolo a conocer y promocionándolo. Añaza es un barrio donde hay gente que hace cosas buenísimas».