
Berlín, Turquía, Jordania, París, Egipto, África… Marta, Andrea, Jaqueline, Javier… Alepo, esa puerta abierta al infierno, figura de todas las otras puertas que huelen a muerte y de las que nadie habla. O ni tan siquiera conoce.
Silencio. Un minuto de silencio por cada momento de horror, por cada sangre derramada, por cada alegría torturada. Tanto silencio que pareciera que habrá que callar ya para siempre. Que atardece, que triunfan las sombras. Silencio, que atardece.
Nos visitará el sol que nace de lo alto…
Pero no. No ganará el silencio. No le cederemos ni un minuto más.
El cielo ha hablado. Ha roto su silencio, que algunos presentían eterno. Dios ha gritado alto en la noche santa que está por llegar. Y ha dicho que ya basta.
Dios se ha hecho carne en un niño débil para confundir a los fuertes, a quienes creen que la muerte se combate con más inocentes muertos, con más madres huérfanas de sus hijos, con más criaturas sin amor de madre. En realidad son las entrañas de misericordia de Dios las que se han hecho carne, las que nos visitan desde lo alto.
Jesús, el Niño-Dios-débil que transforma el mundo es el argumento definitivo del cielo: sólo hablando, sólo mirándonos a
los ojos, sólo presintiéndonos y sintiéndonos. Sólo la Palabra es la clave que mueve el Universo. “Y la Palabra se hizo carne y puso su tienda entre nosotros…”.
Feliz Navidad a todos los profesionales de la palabra compartida, de la palabra de servicio público, de la palabra que estimula, de la que denuncia, de la que se quiebra ante el dolor ajeno.
En nombre del Departamento de Comunicación de la Diócesis de San Cristóbal de la Laguna,
Feliz Navidad