BAJADA DE LA VIRGEN DE LAS NIEVES  2015

 

Queridos fieles de la Isla de la Palma y de la Diócesis entera:

“Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer…” (Gal. 4,4). Así expresa San Pablo el acontecimiento central de la historia humana:  Dios  en persona viene al mundo naciendo de una mujer. Esa mujer es María y la llamamos “la Virgen María” porque, en Ella, Dios se hizo hombre por el poder del Espíritu Santo y sin intervención de varón.

También los fieles cristianos consideramos a la Virgen María como Nuestra Madre,  porque Jesús, clavado en la cruz y a punto de morir, nos entregó a María por Madre. Desde entonces, como hizo el apóstol San Juan, los cristianos de cualquier tiempo y lugar acogemos a María en nuestra casa, es decir, en nuestro corazón y en nuestra vida, y la veneramos en todos los rincones del mundo con los sentimientos y las expresiones propias de cada lugar.

Al dulce nombre de “María”, le añadimos adjetivos para resaltar la excelencia de su personalidad y su papel en la Historia de la Salvación que Dios realiza en favor de toda la humanidad: María Virgen, María Madre de Dios, María Inmaculada, María Madre nuestra, María Reina… Son muchos los títulos y advocaciones que el pueblo cristiano emplea para nombrar a la única Virgen María, aquella de la que nació Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

Creemos que Jesucristo, nuestro Señor, le encomendó a la Virgen María la misión de ser nuestra Madre y que ella nos acepta como hijos. Por eso, el pueblo cristiano se dirige «con filial confianza a Aquella que está siempre dispuesta a acogerlo con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora. No en vano, el Pueblo de Dios la invoca como Consoladora de los afligidos, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora en el pecado. Todo ello porque Ella, la libre de todo pecado, conduce a sus hijos a esto: a vencer con enérgica determinación el pecado. Y, hay que afirmarlo nuevamente, dicha liberación del pecado es la condición necesaria para toda renovación de las costumbres cristianas» (Pablo VI, Marialis Cultus, 57). A María le pedimos constantemente: “Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”.

La Virgen María de las Nieves

Detrás de cada uno de los títulos que damos a la Virgen María, siempre hay una razón, teológica, histórica, espiritual o devocional, que explica por qué la llamamos así. En el caso de la Isla de la Palma, tenemos como Patrona a la “Virgen María de Las Nieves”. ¿Cuál es el origen de esta advocación? ¿Por qué llamamos: “de las nieves”?

El origen es muy antiguo. Se remonta a  la época del Papa Liberio (352 – 366). Había un matrimonio cristiano de la nobleza patricia de Roma, sin hijos,  que mostraba gran caridad hacia los demás. La tradición católica cuenta que la Virgen se manifestó ante ellos y les indicó que, allá donde Ella señalara, se le construyese un templo. Entonces, en pleno verano, en la mañana de un 5 de agosto, amaneció nevado el monte Esquilino de Roma, hecho extraordinario que el matrimonio interpretó como el signo del que la Virgen le había hablado. Y, así, se lo hizo saber al Papa. Allí se construyó una iglesia dedicada a la Virgen María, con el título de “Las Nieves”, por ese prodigio de la “nieve en agosto”.

Con el paso del tiempo aquella iglesia fue destruida y, en su lugar, fue levantada la que, en la actualidad, es la Basílica de Santa María la Mayor. En ella se venera un cuadro a la Virgen María,  como patrona de Roma, con el título de Nuestra Señora de las Nieves “SALUS POPULI ROMANI” que significa “salud del pueblo romano”. El actual Papa Francisco, que tiene una gran devoción a la Virgen María, va con frecuencia a orar ante esta imagen, especialmente antes y después de sus viajes apostólicos.

El Papa San Pío V le regaló una copia de esta imagen a Ignacio de Acevedo. Él la llevaba entre sus manos cuando fue martirizado,  junto con 39 compañeros jesuitas (nuestros Mártires de Tazacorte), frente a la costa del sur de La Palma;  así aparece en los cuadros que representan aquel dramático acontecimiento.

El Papa Juan Pablo II mandó hacer una copia de la misma para llevarla por todo el mundo, junto con la Cruz, con motivo de las Jornadas Mundiales de la Juventud. En nuestra  diócesis, y también en la isla de la Palma, se pudo venerar en 2011 cuando tuvo lugar la JMJ de Madrid.

No está claro cómo llegó a la isla de La Palma el culto a la Virgen María bajo este título de “Las Nieves”.  Quizá tiene que ver con la pureza y belleza de la nieve que en invierno cubre la cumbre que se levanta por encima del Santuario. Lo cierto es que se remonta a los orígenes mismos, si no antes, de la incorporación de la isla a la Corona de Castilla y es, por tanto, una de las devociones marianas más antiguas de Canarias. La imagen que la representa, una talla de terracota  aparece, como la de Roma, con el Niño Jesús en los brazos y, desde el siglo XVI, se representa vestida con bellos ropajes y adornada con joyas ofrecidas por los fieles, tal como la contemplamos actualmente.

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