Retiro cuaresmal: Anhelar la Pascua

“Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que […] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo comenzaba el obispo Álvarez el retiro que ha dirigido en la Catedral este primer sábado de Cuaresma.

En dos momentos distintos, el prelado nivariense invitaba a orar a los presentes considerando la meta de la Pascua (renovar la condición de hijos de Dios), la promesa de Dios (les daré un corazón nuevo), los medios (la firme disposición, que va más allá del solo desear) y la actitud precisa para alcanzar este fin (la sinceridad de corazón). Además, a partir de la carta que había escrito para esta Semana Santa, recordó que es pertinente dejarse encontrar por Jesús. “El quiere encontrarse personalmente con cada uno de nosotros” – afirmó. La cuaresma es una especie de ITV, de lavado a fondo para volvernos más intensamente a Dios y continuar adelante  con una vida cristiana más auténtica. «Un cristiano, si verdaderamente se deja lavar por Cristo, si verdaderamente se deja despojar por Él del hombre viejo para caminar en una vida nueva, ya no puede vivir con la muerte en el alma y tampoco ser causa de muerte».

El obispo invitaba, igualmente, a mirar desde dentro a Cristo crucificado. “Dicha mirada, fijada con perseverante amor y sincera gratitud, nos impulsa a ir hacia las periferias existenciales, culturales y sociales donde vive nuestra gente. Es allí, de hecho, donde encontramos en forma significativa Su (su) rostro y nos podemos hacer cargo de (sus) Sus llagas, que reconocemos que están abiertas en las innumerables heridas de nuestros hermanos y de nuestras hermanas (Papa Francisco).

El segundo momento de la reflexión, estuvo centrado en un texto del Papa en el que exhorta a vivir las tres etapas que el Señor  pide recorrer en la cuaresma, a saber: la limosna, la oración y el ayuno. “Son tres inversiones para un tesoro que no se acaba”. Dios (oración), los hermanos (caridad) y mi vida (ayuno). Son las realidades que no acaban en la nada y en la que debemos invertir – propuso.

Con la adoración eucarística y la posibilidad de recibir el sacramento de la Reconciliación y Penitencia finalizaba este rato de oración camino de la Pascua.

 

 

2019-03-09T11:56:05+00:00