
La parroquia de Nuestra Señora de la Luz en Los Silos recibió recientemente la última pieza restaurada dentro del plan de recuperación del patrimonio histórico que está llevando a cabo la comunidad. Se trata de un retablo barroco de madera de tea, policromada y dorada, cuyos trabajos de recuperación tuvieron una duración de tres meses.
La pieza, recuperada con fondos del Cabildo Insular de Tenerife por la conservadora-restauradora Arancha Mallorquín y el ebanista artístico Luis González, fue ejecutada posiblemente entre finales del siglo XVII y principios del XVIII. Formó parte de un retablo de mayores dimensiones, aunque solo se ha conservado la parte correspondiente al expositor donde se colocaba la custodia para la adoración eucarística. Se cree que perteneció a la iglesia del exconvento de San Sebastián o algunas de las capillas del templo de Nuestra Señora de la Luz, pues tanto los retablos del Sagrado Corazón como de San Pedro fueron realizados con posterioridad.
El retablo presenta una puerta de notables dimensiones que daría acceso al expositor, con un cordero acostado sobre un libro y bajo un dosel, simbolizando a Jesucristo como Cordero de Dios. En el reverso aparecen tres espigas cruzadas y enlazadas con un lazo rojo, sobre fondo azul. A ambos lados aparecen pintados en papel dos ricos dibujos alusivos al Antiguo Testamento. En la parte derecha, el sacrificio de Isaac y, en la izquierda, Moisés junto a la zarza ardiente. La pieza se completa con cuatro columnas de grandes dimensiones, levemente talladas.
El retablo ha quedado expuesto en la capilla de la Misericordia, bajo el paso de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén.
Examen previo
Tal como se recoge en la memoria de restauración a la que ha tenido acceso Iglesia en Los Silos, la obra, pese a ser de buena calidad, se encontraba en un mal estado de conservación. “Presentaba pérdidas, barridos y desgastes de policromía muy evidentes, principalmente en las pinturas laterales, no dejando ver el esplendor de las mismas”, se señala. Las capas de barniz o gomalaca, que transforma la lectura real de la policromía, también perjudicaron a la pieza. El humo y el esparcimiento de la cera con muchísima intensidad en las cornisas inferiores en épocas pasadas había desvirtuado por completo la visión de la imagen, a lo que se unen las pérdidas de preparación.
Con respecto al soporte, tanto la puerta como la base del expositor se encontraban en mal estado, al igual que había pérdidas de cornisas en parte superior, mientras que las inferiores estaban muy dañadas. Todo ello impedía ver con claridad el aspecto real de la obra. Afortunadamente, al ser el retablo de madera de tea, no se vio afectado por xilófagos.