El pregón llevó por título ‘Intimidades’ y la reseña la realizó el propio pregonero.
Aunque mi profesión es la de historiador y realizo mi trabajo en el Archivo Histórico Diocesano, escasamente he investigado la semana santa local. Así pues, mi designación como pregonero estuvo más relacionada con el hecho de haber sido durante casi toda mi vida un “ratón” de la iglesia sanjuanera y disfrutar de la Semana Mayor de La Villa.
Mi misión fue transmitir a los asistentes mi experiencia con la Semana Santa de La Villa, de tal manera que mis argumentos sirvieran para que se disfrute, se viva y se ame nuestra Semana Mayor y que todo eso se refleje en una fructífera vivencia en las celebraciones que se nos avecinan. Por ello se trató de un pregón muy personalizado, porque lo que traté de transmitir fueron mis sentimientos.
Lo que traté de narrar fueron diversas vivencias de muchas situaciones que se repiten cada año por estas fechas y que no siempre son conocidas por el público en general. Situaciones que yo he vivido pero que cada año se vuelven a repetir en cada uno de los que trabajamos, organizamos, cuidamos y mimamos nuestra Semana Santa. Por ello, este pregón llevó por título: INTIMIDADES.
Así pues, el pregón se inició con la narración de mis primeros contactos con la semana santa, desde mi ingreso de monaguillo en la Parroquia de San Juan Bautista, hasta mi adolescencia, cuando pasé a formar parte de hermandades y cofradías, como cargador y celador, sin olvidar mi etapa como músico y la participación en la banda local.
El pregón se centró en destacar el trabajo de muchas personas anónimas que trabajamos durante un mes y medio antes de la Semana Santa, limpiando plata, preparando tronos, armando los elementos necesarios… Asimismo se hizo un repaso día por día, no solo de las celebraciones religiosas y de cada una de las procesiones, sino también de actos pocos conocidos como la tarea de vestir a las imágenes o el peinado artesanal de pelucas de cabeos naturales de imágenes como La Magdalena.
El final de mi intervención coincidió con el Domingo de Resurrección, porque todo lo trabajado y celebrado previamente tiene en este día su objetivo primigenio. Toda la cuaresma y la Semana Santa carecerían de sentido sin la participación de la Gloria de la Resurrección.
Mi último deseo fue que todo lo narrado en la noche del pasado 29 de marzo, tenga ahora una acción ante la próxima Semana Santa: valoremos el trabajo de cuantos la preparan, participemos activamente en la celebraciones litúrgicas, apreciemos el valor artístico y patrimonial de nuestra imaginería y objetos procesionales, visitemos La Orotava en estos días, pero sobre todo, vivamos felices los grandes días que se nos avecinan y transmitamos, al final, nuestra alegría por la Resurrección de Cristo.
Vilehaldo Jesús Arzola González.