Cansados, pero satisfechos han regresado «a casa» los jóvenes de distintas parroquias de la diócesis que participaron, hasta ayer domingo, en el Encuentro Europeo de Jóvenes celebrado en Ávila, con ocasión del quinientos aniversario del nacimiento de Sta. Teresa de Jesús.

«Ha sido inolvidable. No nos conocíamos de nada y solo mirarnos a la cara y parecía que hablábamos el mismo lenguaje», explica Dailos Gómez al rotativo «El Día» que le dedica a ellos la foto principal de la portada y una página interior en su edición de este lunes. Para verla pincha aquí.

En la eucaristía de ayer, el papa se hizo presente con un mensaje a los jóvenes, invitándoles a No conformarse con una vida mediocre y sin aspiraciones, y esforzarse para crecer en una profunda vida de amistad con Cristo.

Mensaje

La verdadera santidad es alegría, porque “un santo triste es un triste santo”. Los santos, antes que héroes esforzados, son fruto de la gracia de Dios a los hombres. Cada santo nos manifiesta un rasgo del multiforme rostro de Dios. En santa Teresa contemplamos al Dios que, siendo «soberana Majestad, eterna Sabiduría» (Poesía 2), se revela cercano y compañero, que tiene sus delicias en conversar con los hombres: Dios se alegra con nosotros. Y, de sentir su amor, le nacía a la Santa una alegría contagiosa que no podía disimular y que transmitía a su alrededor. Esta alegría es un camino que hay que andar toda la vida. No es instantánea, superficial, bullanguera. Hay que procurarla ya «a los principios» (Vida 13,1). Expresa el gozo interior del alma, es humilde y «modesta» (cf. Fundaciones 12,1). No se alcanza por el atajo fácil que evita la renuncia, el sufrimiento o la cruz, sino que se encuentra padeciendo trabajos y dolores (cf. Vida 6,2; 30,8), mirando al Crucificado y buscando al Resucitado (cf. Camino 26,4). De ahí que la alegría de santa Teresa no sea egoísta ni autorreferencial. Como la del cielo, consiste en «alegrarse que se alegren todos» (Camino 30,5), poniéndose al servicio de los demás con amor desinteresado. Al igual que a uno de sus monasterios en dificultades, la Santa nos dice también hoy a nosotros, especialmente a los jóvenes: «¡No dejen de andar alegres!» (Carta 284,4). ¡El Evangelio no es una bolsa de plomo que se arrastra pesadamente, sino una fuente de gozo que llena de Dios el corazón y lo impulsa a servir a los hermanos!