Ya sé lo que es. He observado en silencio y finalmente creo haber dado con lo que de verdad envejece. No me
refiero a las ruinas que se enseñorean cada mañana de nuestra piel. No hablo del cuerpo. Me refiero a que creo saber qué nos convierte en fósiles de espíritu, seamos ancianos o adolescentes. Es la esperanza. La falta de esperanza. Quien nada espera, ha muerto. O casi. No esperar ya nada es lo que va resecando la alegría y ensombreciendo la mirada hasta apagarla.
Carmelo Pérez en Diariodeavisos