Aunque en los medios se han divulgado (no en publicaciones científicas) titulares que sugieren que se había creado vida artificial. Sin querer quitar mérito alguno a los importantes resultados de esta investigación, creo que es oportuno exponer que esto no es exactamente crear vida artificial.

La investigación de Boeke y su equipo responde a un proceso que lleva unos pocos años y que desde una imagen más cercana al público equivaldría a un afinamiento de la tecnología de trasplantes que ha llegado a ser capaz de sustituir una trozo de ADN por otro. Esto es sin duda un avance tecnológico de primera categoría. El simple hecho de poder reemplazar algo tan pequeño como un trozo de cadena de ADN y encajarlo perfectamente es suficiente para recibir sonados aplausos.

Pero el equipo de Boeke ha ido aún más allá el asunto. En un trasplante se reemplaza una parte por otra de igual forma o funcionamiento, sin embargo, lo que se ha hecho es rediseñar una serie de variaciones en el genoma reemplazado, cuya estabilidad fue predicha previamente en representaciones informáticas, y la modificación ha resultado, no solo ser estable, sino lo que es quizás más relevante, el nuevo hongo (nuevo en cuanto primera especie diseñada por ADN) sigue manteniendo sus funciones vitales, incluyendo la reproducción, y la variación genética permanece en sus descendientes.

No cabe duda de la importancia de este avance. Es cierto que se requieren mucho más estudio sobre el tema y sus futuras aplicaciones en medicina. Como también es cierto que no se tiene en cuenta el conocido como “ADN residual”, que nuevas investigaciones están desvelando que no es tan “residual” sino que tiene incidencia en el resto de ADN. Pero lejos de entrar en estas cuestiones quiero centrarme en la cuestión de que esto no es crear vida artificial, sino en el mejor de los casos crear una especie nueva de diseño, pero no por cruces, como en los conocidos casos de razas caninas, sino por incidencia directa en el código genético. Manel Porcar, un experto en biología sintética de la Universidad de Valencia lo ha explicado con estas palabras: “Por ahora lo que se ha hecho es como copiar la Gioconda, no ha habido verdadera creación” y añade “Lograr una levadura 100% sintética es cuestión de tiempo, si se ha hecho con un cromosoma no hay razón para pensar que no se pueda hacer con todas”. Pero tampoco esto sería crear vida artificial, sino diseñar artificialmente una especie. La causa es que todos estos métodos suponen hacer modificaciones en un ser previamente vivo. Es como si a un ser humano le fuesen reemplazando todos sus miembros por estructuras cibernéticas. Sin embargo, esto no crearía un ser vivo, sino que modificaría a un ser que ya de por sí posee lo que se conoce como el “principio vital”.

Hay que tener en cuenta que hasta la fecha no se sabe cómo se produce la vida. La gran incógnita de los seres vivos es cómo surge el primero. Todos los seres vivos del planeta provienen de un ser vivo anterior, pero cómo surge el protobionte (primer ser vivo). La composición química y el funcionamiento de los seres vivos puede sugerir que sea el resultado de la suma de una serie de interacciones químicas desconocidas, pero esto no deja de ser una interpretación que supera la experimentación científica, porque no hay experimento de laboratorio alguno en el cual combinando interacciones químicas haga surgir algún elemento vivo. La interpretación de que la vida es el resultado de combinaciones químicas muy afinadas y complejas tendría como consecuencia la posibilidad de producción sintética de vida, y desde una perspectiva científica no es una interpretación descabellada, porque se sabe que en cuanto se entorpece seriamente el funcionamiento químico de cualquier ser vivo, el principio vital deja de actuar, es decir, el ser vivo muere. Pero no solamente se desconoce qué tipo de combinaciones y/o reacciones dan lugar a la vida, sino que también se desconoce si obedece únicamente a una combinación química.

En astrobiología se emplean muchos esfuerzos en buscar lugares del universo en los que se pudiesen dar condiciones ambientales similares a las de la tierra, y por tanto pudiesen contener vida, sin embargo, con frecuencia esta búsqueda adolece de un importante detalle, y es que se está dando por hecho que si se dan condiciones similares a las de nuestro planeta surge la vida, y la realidad es que en nuestro planeta, la joya del universo que conocemos, nadie ha conseguido producir vida, ni se ha observado ninguna estructura viviente que no proceda de otra estructura viviente anterior.

La vida sigue siendo uno de los grandes misterios de la naturaleza, y todavía nos queda mucho camino por conocer acerca de ella. La fe católica atribuye al Espíritu Santo de Dios la atribución de “Señor y Dador de Vida”, y aunque el Magisterio no define que esto restrinja el surgimiento del principio vital a una necesaria intervención sobrenatural de Dios para que se dé, es posible que así sea, y varios teólogos así lo defienden. Pero lo que quisiera dejar claro es que la vida como resultado de combinaciones y reacciones químicas exclusivamente, es una interpretación teórica, y hasta la fecha no se ha producido, en modo alguno, vida artificial.