Monición de entrada

El tiempo litúrgico que hoy iniciamos no podemos menos que verlo, como un tiempo de gracia que se nos ofrece, despertando en nosotros la escucha, la ilusión, la esperanza, el gozo contenido de la proximidad de una promesa que ha de cumplirse, pero que exige de cada uno de nosotros, la atención vigilante del que busca la Verdad que libera y se regala.

 

La acción de gracias que necesitamos celebrar, hoy se hace más intensa y nuestro deseo de compromiso y de servicio a los demás crece, alimentados por la Palabra y el Pan del Señor Jesús.

Primera lectura.

Esta primera lectura nos invita a la conversión que nos sitúa en lo alto del monte, que ha de significar nuestro testimonio y el referente que el mundo necesita para encontrar el camino de la fraternidad y de la paz.

Salmo.
El salmo contribuye a la alegría y esperanza que despierta la proximidad del encuentro del

creyente que se reúne en el nombre del Señor.

Segunda lectura.

Pablo nos habla de la necesidad de tomar conciencia de nuestra realidad, del momento de nuestro vivir diario y de utilizar los medios precisos para nuestro crecimiento y el fortalecimiento de nuestra identidad.

Evangelio.

Jesús nos pone en guardia frente al peligro de vivir pendientes de nuestro quehacer cotidiano sin prestar la menor atención a la presencia de Dios en los acontecimientos de la historia. Él se acerca a nosotros queriéndonos descubrir su amor, ofertándonos su amistad, la libertad, la verdadera razón de nuestra existencia

Oración universal de los fieles.

Ilusionados por la promesa cercana de su presencia en medio de nosotros oremos al Señor. Contestamos: Ven, Señor Jesús.

  • Por el Papa Francisco, nuestro obispo Bernardo, los sacerdotes, diáconos, personas consagradas y todo el Pueblo de Dios. Para que vivamos este Adviento con deseos de renovar y madurar nuestra fe. Roguemos al Señor.

  • Por las autoridades responsables de la convivencia y el bien común. Para que el servicio sea siempre la constante de su ejercicio y su auténtica vocación. Roguemos al Señor.

  • Para que cuantos viven en la precariedad de cualquier tipo encuentren en cada uno de nosotros la respuesta a sus necesidades y descubran a Jesús en este servicio. Roguemos al Señor.

  • Para que nuestra comunidad descubra en María, las actitudes necesarias para ayudar a reconocer la presencia de Jesús en medio de nosotros. Roguemos al Señor. Escucha, Padre, la oración de tu Iglesia que, necesitada de Ti, te presenta en este tiempo de espera que hoy iniciamos. Por JC Nuestro Señor. Amén.

Ofrendas.

Con el pan y el vino, presentamos una semillas que quieren significar la vida de amor, verdad y justicia que con su venida y acogida Él hace germinar en nosotros.