Cuando a Pepe Domingo Castellano le dicen que trabaja en la emisora de los obispos, el periodista deportivo de COPE responde que él no ha visto a ninguno. «Pues hoy me voy a pegar un atracón», bromeaba quien se presentó como el «abuelo más feliz de la radio» al recoger el lunes uno de los Premios ¡Bravo! de periodismo, que cada año otorga la Conferencia Episcopal.
También el cineasta David Arratibel, el agnóstico director de Converso, reconoció que jamás hubiera imaginado recibir un premio de los obispos. Pero su película, que es la historia de su propia familia, ha servido para tender puentes entre creyentes y no creyentes. «Ha hecho mucho bien y eso es lo que importa».
Con la presencia, entre varios obispos, de dos cardenales (el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, y el emérito de Sevilla, Carlos Amigo), además del nuncio en España (monseñor Fratini), el presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, Ginés García Beltrán, les deseó a todos los galardonados que este «no sea el último» premio que reciben de la Iglesia, animándoles a unir fuerzas a favor de un periodismo que contribuya a la cohesión de la sociedad y «al conocimiento de las razones de los demás y de las propias, para facilitar la comprensión de que todos buscamos lo mejor».
El obispo electo de Getafe habló de varias amenazas que se ciernen sobre la comunicación. Comenzando por «la postverdad», en la que se sustituyen los hechos objetivos por «los sentimientos, los deseos, los consensos…». Pero «el mundo sigue necesitado de la verdad para crecer, y por tanto necesita servidores de la verdad en la comunicación», añadió, en contraposición a tendencias como «la proliferación de noticias al servicio de ideologías».
Y está la menos conocida amenaza de los «filtros burbuja». Ginés García Beltrán explicó que la red selecciona para cada usuario los contenidos en función de sus preferencias, y así «internet está actuando como un filtro más que limita mi conocimiento del mundo». La previsión era que las nuevas tecnologías permitieran «una extensión de la democracia». Sin embargo, la realidad es que «hoy el control de la sociedad es más posible con internet».
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