El obispo emérito, Damián Iguacén, nos ha felicitado estas Navidades con una reflexión sobre «Nuestra Señora de la presteza». Iguacen, que cumplirá 99 años el próximo mes de febrero, invita a reflexionar sobre la presteza cristiana como rapidez, prontitud y diligencia a partir de los textos bíblicos de la Visita de María a Isabel, las bodas de Caná y la Ascensión del Señor.

«Presteza no quiere decir precipitación, nerviosismo, atropello, hacer las cosas de cualquier manera»- sostiene D. Damián. «La persteza que se pide al evangelizador es disponibilidad, equilibrio, sensatez, prudencia, valentía, coraje, fruto de una caridad, de un amor sin límites».

El otro momento de su reflexión, el obispo emérito recuerda que la presteza cristiana se llama celo apostólico y que la misma se opone a la pereza. «La valentía es la virtud de los evangelizadores….Da la impresión – sostiene- que muchos estamos como dormidos, como si hubiera caído un profundo sopor sobre muchos cristianos y consagrados». Para salir de esta situación Iguacen Borau propone volver a la «escuela del amor»: la Eucaristía, el sagrario, la Misa.

Al final de su carta D. Damián propone lo que llama «pedagogía de la presteza cristiana», a saber: tomar conciencia de que hay un mal en el mundo que Dios no quiere; despertar y avivar la esperanza de que el mal puede y debe ser vencido; ser conscientes de que es urgente quitar el mal; el remedio, en parte, depende de mi; y tengo que arriesgarme. «Disponibles y dispuestos» es el título de la última parte de la felicitación-reflexión. «Nuestra vida ha de ser un Amén rotundo, grande, total, redondo, definitivo, que abarque toda mi vida, que dé sentido a lo que haga»- afirma el prelado.