El próximo 18 de mayo, a las 20.30 horas en las dependencias del museo de Arte Sacro del monasterio de las Claras, La Laguna, se celebrará una edición de la iniciativa diocesana «Noches con Alma».

En esta ocasión el tema de fondo que servirá a esta  propuesta de diálogo y encuentro sera «la belleza». Por ello, compartirán una sesión  con los participantes, Mª Ángeles Sobrino, Doctora en Filosofía y Letras (Geografía e Historia),  y Licenciada en Filosofía y Letras (Geografía e Historia), Especialidad Historia y Teoría del Arte, que entre otras cosas ha sido profesora colaboradora del Gabinete Didáctico de la Fundación de Amigos del Museo del Prado  y educadora  dentro del programa El Arte de Educar. La Caixa- Museo del Prado; Alicia Pérez Tripiana, licenciada en Historia del Arte, profesora de Arte y miembro del Gabinete Didáctico del Museo del Prado;  y Manuel  Íñiguez Ruiz-Clavijo quien, entre otras cosas ha sido director del Secretariado de la Comisión Episcopal  de patrimonio cultural de la Conferencia Episcopal Española (2005-2014).

La belleza es la gran necesidad del ser humano; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza” – afirmó Benedicto XVI. Por ello, hemos de ser «custodios de la belleza del mundo».

La belleza del Arte. El camino de la belleza

El teólogo Hans Urs von Balthasar abre su gran obra titulada «Gloria», una estética teológica con estas sugestivas expresiones: «Nuestra palabra inicial se llama belleza. La belleza es la última palabra que el intelecto pensante puede atreverse a pronunciar. El camino de la belleza nos conduce a tomar el Todo en el fragmento, el Infinito en lo finito, Dios en la historia de la humanidad.

En este sentido, Simone Weil escribía: «En todo aquello que suscita en nosotros el sentimiento puro y auténtico de lo bello, está realmente la presencia de Dios.

La obra de arte es potencialmente una puerta para la experiencia religiosa. Urge, por tanto, profundizar acerca de la belleza, sin limitarse a las artes, sino extendiéndolo a todos los campos en los que lo bello se revela capaz de despertar el deseo de Dios. La belleza aparece así como un camino de evangelización  y diálogo.