«No tengo dudas de que entre todos vamos a conseguir que la isla salga adelante»

Nieves Mari, Lila, Lourdes, Ana, Eva, Pablo, Olga, Canu… Todos ellos tienen algo en común, son personas voluntarias de Cáritas Diocesana de Tenerife en el Arciprestazgo de Los Llanos de Aridane, en la isla de La Palma. Desde hace 15 días, sus historias han confluido además en uno de los sucesos más amargos que han azotado a la Isla Bonita en su pasado reciente, como ha sido la erupción volcánica de Cumbre Vieja.

En algunos casos, como los de Nieves Mari o Lila, la colada magmática arrasó sus viviendas, ubicadas en la zona de Todoque, una de las más afectadas por el fenómeno natural. Otras, como Eva, Lourdes, Ana, Olga o Mari tuvieron que ser evacuadas de sus casas, y a día de hoy todavía no saben cuándo podrán regresar.

Dedicación y compromiso

Su ejemplo de dedicación desinteresada y compromiso con Cáritas, no obstante, ha hecho que la mayoría de ellas continuaran desarrollando su labor de voluntariado en el Centro de Día para personas en situación de sin hogar ubicado en Los Llanos, donde cada mañana reciben con la misma ilusión de siempre a más de una veintena de personas en situación de vulnerabilidad y exclusión. “Estas personas nos necesitan, antes y después de la erupción; es un servicio al que nos comprometimos, y no les podemos fallar”, exponen Mercedes y Lila, quienes no pierden la sonrisa a pesar de la situación que la mayoría está padeciendo”.

Una de las más afectadas es Nieves Mari, quien vivía en Todoque, justo al lado de la iglesia de San Pío X, que fue portada en todos los medios tras ser literalmente engullida por la lava. “No nos quedó nada. Ni a mí, ni a mis hermanas, ni a mi madre”, agrega nuestra voluntaria de Cáritas Diocesana de Tenerife, quien deja claro que “lo peor fue estar cuatro días con la incertidumbre de ver cómo la lava iba acercándose cada vez más a nuestra casa”.

Pese a la magnitud de la tragedia, Nieves Mari no tiene duda de que su pueblo y su isla van a salir adelante. “Gracias a Alberto (el párroco de San Pío X), que es nuestro guía. Nos mantiene unidos y nos da la fuerza que a veces nos falta”, subraya Nieves, que en la actualidad se está quedando en un apartamento que le prestaron unos familiares en el puerto de Tazacorte.

Dejar toda una vida atrás

Su desgarrador pero a la vez esperanzador testimonio, es muy similar al de Encarnación Martín Mur, conocida cariñosamente como Canu. Ella comenzó a colaborar con Cáritas Diocesana de Tenerife hace más de diez años. Vinculada como voluntaria a la parroquia de Todoque, actualmente es la coordinadora del Arciprestazgo de Los Llanos. En su caso, la presión familiar hizo que unos días después de ser desalojada se marchara a Madrid, donde ahora vive con una de sus hijas.

Entre lágrimas, Canu cuenta que en su casa de Todoque estaba “toda mi vida”. “No podía elegir qué sacar y qué dejar, así que lo dejé todo tal y como estaba”, añade. “El agobio y la incertidumbre me resultaron insoportables, y ni siquiera quise volver a recoger más cosas cuando pude hacerlo”, incide Encarnación, que incluso dejó en la vivienda las cenizas de su pareja, fallecida el pasado mes de enero.

“He llorado mucho durante estos días, pero no por mí o porque mi hogar esté en peligro, sino por mis vecinos”, sostiene Canu, que sigue estando muy presente entre sus compañeros y compañeras del voluntariado y el equipo técnico de Cáritas en La Palma.

“Mis hijas están más preocupadas que yo por lo que le pueda pasar a la casa, y realmente a mí no me importa. Mi única preocupación es que ya nada va a ser como era. Que eso que yo había encontrado allí, esa felicidad, no sé si estará cuando todo pase”, asevera Canu, quien concluye que “la Iglesia, en situaciones difíciles como la que estamos viviendo, ha demostrado que trata de ayudar lo más posible y que siempre está en la primera línea de la acción social a través de Cáritas”.

2021-10-04T14:09:08+00:00