El Concilio Vaticano II, del que este año se cumplen 50 años de su clausura, manda que se conserve y cultive con sumo cuidado el tesoro de la Música Sacra, porque “la tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia” (SC 112).

La Música Sacra, en sus distintas expresiones instrumentales y corales, no es un agregado que enmarca o hace agradable la Liturgia, como si de un adorno se tratara, sino que es un importante medio de participación activa en el culto que nos abre a la experiencia del encuentro con Dios.

El poeta francés Paul Claudel, afirmaba que se convirtió a la fe católica al escuchar el canto del Magnificat durante las Vísperas de Navidad en la catedral de Notre-Dame de París: “En ese momento –decía- ocurrió un evento que determinó toda mi vida. En un instante, mi corazón fue tocado y creí. Creí con una fuerza de adhesión tan grande, con un tal elevamiento de todo mi ser, con una convicción tan poderosa, con una certeza que no dejaba lugar a ninguna especie de duda. Y desde entonces ningún razonamiento, ninguna circunstancia de mi agitada vida ha podido sacudir mi fe ni tocarla”.

En este testimonio personal de Paul Claudel se pone de manifiesto que, más allá de su belleza estética en un sentido meramente artístico, la música y el canto -cuando se unen íntimamente en la acción litúrgica- contribuyen a despertar, nutrir y expresar la fe y, por lo tanto, a la gloria de Dios y a la santificación de los fieles, que es la finalidad de la Música Sacra.

En todos los tiempos la Iglesia ha sabido contar con personas que, ejercitando sus cualidades para la composición musical, pudieran hacer cantar a los corazones de mucha gente durante las celebraciones litúrgicas. La Catedral de la Laguna no ha sido ajena a este interés y eso le ha permitido acumular a lo largo de su historia un buen conjunto de piezas musicales compuestas expresamente para el culto en la misma.

Espero que el marco de la Iglesia Catedral, con la magnificencia de su arquitectura, enriquecido con los sonidos de la música y la armonía del canto coral, estimulen nuestra fe y eleven nuestros corazones en acción de gracias a Dios, pues para su gloria y honor fue compuesta la música que se nos ofrece en este concierto.

 

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense