Miles de personas despiden al arzobispo Elías Yanes en la catedral basílica del Pilar

Más allá de la presencia de seis cardenales, siete arzobispos, veintidós obispos, un abad, más de doscientos sacerdotes, numerosas autoridades civiles, militares y académicas. Más allá de todas estas cifras, puede decirse que don Elías Yanes Álvarez, quien fue arzobispo de Zaragoza de 1977 a 2005, fue despedido en olor de multitud, rodeado del cariño de todo un pueblo al que apacentó con ciencia y experiencia. Allí se encontraban el Obispo Nivariense y varios sacerdotes de la diócesis.

El pasado martes, 12 de marzo, a las 12.00 horas, tuvieron lugar los solemnes funerales de don Elías Yanes Álvarez, fallecido en la capital aragonesa el viernes día 9, poco antes de la medianoche, a los 90 años edad.  Las exequias estuvieron presididas por el arzobispo metropolitano de Zaragoza, monseñor Vicente Jiménez Zamora.

Tras una oración en la puerta del templo, comenzó la procesión hasta el ‘altar mayor’, donde se celebró la misa exequial. Al llegar, se iluminó el cirio pascual y se depositaron sobre el féretro la casulla y la mitra, el báculo pastoral y el evangeliario. A continuación, la misa se desarrolló con la solemnidad requerida.

En la homilía, don Vicente destacó la deuda de inmensa gratitud que la sociedad española y, en concreto, la aragonesa tienen con monseñor Yanes. “Los pastores de la transición y el postconcilio, entre ellos don Elías, tuvieron clarividencia de maestros y seguridad de guías. Son merecedores de nuestra más sincera gratitud”, aseguró, al mismo tiempo que pidió el descanso eterno para el arzobispo difunto y, para los fieles, “el consuelo de saber que sigue a nuestro lado por el misterio de la comunión de los santos”.

Último adiós

Acabada la eucaristía, se organizó otra procesión hacia la cripta. Antes de bajar a ella, se realizó el rito llamado ´último adiós al cuerpo del difunto’ y se cantó la jaculatoria ‘Bendita y alabada sea’, recomendando el alma de monseñor Yanes a la protección de la Virgen del Pilar.

Finalmente, los restos mortales del arzobispo emérito fueron llevados a la cripta, donde en la intimidad recibieron cristiana sepultura, en el nicho más elevado del ‘lado del evangelio’, justo al lado del brazo derecho de la cruz que preside la capilla mortuoria. El epitafio, sobre la piedra negra, será sencillo: el nombre completo del Arzobispo, la fecha de su marcha al cielo y la súplica de que ‘descanse en paz’.

2018-03-12T19:21:22+00:00