El obispo Álvarez ha ordenado sacerdotes, este sábado 29 de septiembre, a José Manuel Urbina Mérida y a Esteban Manuel Rodríguez Herrera, natural el primero de Santa Cruz de La Palma y el segundo de Tejina. En una Catedral llena de fieles procedentes de distintos lugares de la diócesis, el obispo exhortó a los ya neo-presbíteros a ser servidores y buenos pastores del Pueblo de Dios, allí donde han sido enviados y durante toda su vida. Concretamente Urbina Mérida será párroco, a partir del próximo sábado, en La Frontera y Sabinosa, y Rodríguez Herrera en Taganana, como recordó el propio prelado Nivariense en el transcurso de la celebración. Previamente, José Manuel, la tarde de este domingo, presidirá su primera Misa en la parroquia de María Auxiliadora de S/C de Tenerife. Esteban hará lo propio el lunes 1 de octubre en la parroquia de San Bartolomé de Tejina.

Bernardo Álvarez, en la homilía, recordó a los ordenandos y a los presentes, que es Dios mismo quien elige y, por el Espíritu, consagra y envía a los sacerdotes. «Tenemos el programa que hemos de llevar adelante»- dijo refiriéndose al evangelio proclamado. El obispo recordó, igualmente, que todo ser humano es limitado ante el encargo que recibe de Dios al ser ordenado sacerdote, por eso es preciso ser consciente que la obra la lleva adelante Dios y que los presbíteros lo hacen presente a Él y han de prolongar el encargo que Jesús recibió del Padre.

La alegría profunda que brota de la entrega cotidiana de la vida, sin duda alguna, es el mejor resumen del ministerio diaconal, que durante estos seis meses, han recibido como regalo Esteban y José Manuel. Una experiencia que, a pesar de todo, deja el corazón de estos dos jóvenes en deuda por haber recibido más de lo que han podido dar. Porque aunque es verdad que el diaconado es ofrenda que te pone en la comunidad como el que sirve, su caminar cotidiano solo se reconoce como fruto de una entrega primera que en Jesús les ha hecho poner su vida al servicio de cuantos buscan el rostro de Dios.

Es por ello que su diaconado en estos meses, y durante toda su vida sacerdotal inaugurada este sábado, es saberse en deuda porque, aun conociéndolos bien, Dios continúa lanzándolos a una mayor entrega que haga de sus vidas y ministerio un lugar donde construir el Evangelio y así hacer fructificar el Reino. En deuda con tantos rostros concretos, discípulos misioneros en estas islas y fuera de ellas, que han sabido hacer de su oración y testimonio su mejor ofrenda para quienes en este ya en octubre pasan a servir al Pueblo de Dios como presbíteros. En deuda con esta Iglesia y su Obispo por haberles regalado unas comunidades parroquiales en las que aprender y soñar con una felicidad que va tomando rostro en circunstancias y detalles concretos. Y en deuda, especialmente ahora, Esteban con Taganana y José Manuel con Frontera por acogerles desde ya y abrir caminos para que la vocación recibida siga dando el fruto que Dios lleva tiempo soñando.

Por eso este 29 de septiembre, por el regalo de la ordenación presbiteral, se les ha brindado la posibilidad de entonar un “Gracias” que desde el corazón sea capaz, si no de saldar esta deuda pendiente, sí de hacer resonar la alegría recibida que quiere seguir construyendo la vocación que Dios nos regala para beneficio de su pueblo.