La Catedral acogió la tarde del dos de febrero la Jornada de la Vida Consagrada.
El obispo, Eloy Santiago, presidió la Misa en la que dio gracias a las personas de especial consagración que se encontraban en el templo, por su presencia en la diócesis y por los servicios que prestan.
Citando al Papa señaló Santiago que ser profetas y dar testimonio, mediante la profesión de los consejos evangélicos y las obras de caridad, de que Dios está presente en la historia como salvación para todos los pueblos: a esto están llamados los consagrados en el mundo actual.
La misa comenzó junto al baptisterio con el encendido y la bendición de las velas, símbolo de Cristo, «luz del mundo».
Precediendo al rito introductorio de la celebración eucarística, se realizó una procesión con las personas consagradas, miembros de Hermandades y cofradías y concelebrantes.
La procesión con la imagen de Nuestra Señora de la Candelaria tuvo que hacerse en el interior de la Catedral debido a las circunstancias meteorológicas.
