Este pasado domingo 24 de enero, la parroquia de San Pedro Apóstol en El Hierro, celebró un humilde acto de reconocimiento a Antonia, “la señorita Antonia”, como era conocida popularmente.  De esta forma, la comunidad parroquial quiso recordar y dar agracias a Dios por esta mujer que fue ejemplo de vida de fe para muchos.

Antonia, mujer de principios inquebrantables, con vocación de servicio, supo anteponer sus creencias a cualquier otra razón y destinar su vida entera a vivir según su fe, sin miedos y con alegría.

Entregó gran parte de su vida a servir a Dios a través de su dedicación a la parroquia de San Pedro, en la que volcó todos sus talentos sin esperar nada a cambio. Durante muchos años, se dedicó tanto a las labores más delicadas como cuidar de los objetos de liturgia, impartir catequesis, cuidar la ornamentación o hacer de bordadora; como a las más duras, como la limpieza, o dar la cara para la recaudación de fondos para atender las necesidades de la parroquia.

Antonia, mujer valiente y recia como San Pedro, ese santo que tanto amaba. Era como él: impetuosa, de carácter fuerte y temperamental y al mismo tiempo, generosa, auténtica, honesta, capaz de darlo todo para seguir a Jesús.

Antonio convivió con esta comunidad de El Hierro muchos años y fue capaz de hacer creer a todos que lo extraordinario era algo cotidiano. Sin darle importancia, sin ruido, como si ser como ella fuera lo más normal del mundo.