Soy Jesús A. Marrero profe de Religión en el IES Rafael Arozarena. La labor del profesor/a dio un cambio radical el 12 de marzo con la suspensión de las clases. Se nos pedía que se mantuviera la actividad lectiva en unas condiciones sin precedentes, a la que no estamos acostumbrados, a través de internet. En un primer momento salí del paso programando tareas para los grupos con los que comparto clase el viernes. Pero ese mismo fin de semana, cuando ya se declara la alerta por plazo de quince días, entendía que el papel del docente tenía que ser otro.

Investigué y me encontré con aplicaciones que permitían la videoconferencia con los estudiantes dentro de un entorno escolar seguro. Así que el mismo sábado, envié un mensaje a todo/as los estudiantes diciéndoles que mantendría mis clases a través de videoconferencias. A los chicos y chicas les gustó mucho la idea y se conectan en gran número, no sólo para seguir la clase, sino para hablar, ver cómo lo están pasando, compartir y vivir juntos este proceso complicado. Por eso el ámbito escolar durante estos días se ha convertido en un tiempo de compañía y de esperanza para todos.

Nuestro papel, o al menos así lo veo, es preguntarles ¿Cómo están? ¿Cómo lo llevan? y compartir algo de materia, resolviendo algunas dudas. Animar, contagiar optimismo, alegría y esperanza, creo que ha de ser el papel del docente en esta situación. La materia, la programación hay que tratar de seguirla, pero sobre todo desde esa perspectiva. Se enseña y se ayuda más con lo que no se dice en el aula y fuera de ella.

Por tanto, el esfuerzo por estar ante la cámara muchas horas al día, ese contacto virtual, ese saludo a través del video, esa cara conocida que se ve a través del dispositivo digital, puede y debe ser hoy nuestro papel como docentes. Así considero muy necesario que busquemos ese contacto maravilloso.

Evidentemente, no es la panacea. Hay de todo, desde alumnos que se quedan conectados en otras clases y quienes no se conectan y realizan las actividades más tarde para no madrugar. Con todo, los/as maestros/as en estos tiempos deben ser portadores de esperanza y alegría para los estudiantes.