122 Del mismo modo, podemos pensar que los distintos pueblos en los que ha sido incultu- rado el Evangelio son sujetos colectivos activos, agentes de la evangelización. Esto es así porque cada pueblo es el creador de su cultura y el protagonista de su historia. La cultura es algo dinámico, que un pueblo recrea permanentemente, y cada generación le transmite a la siguiente un sistema de actitudes ante las distintas situaciones existenciales, que ésta debe reformular frente a sus propios desafíos. El ser humano « es al mismo tiempo hijo y padre de la cultura a la que pertenece ».97 Cuando en un pueblo se ha inculturado el Evangelio, en su proceso de transmisión cultural también transmite la fe de maneras siempre nuevas; de aquí la importancia de la evangelización entendida como inculturación. Cada porción del Pueblo de Dios, al traducir en su vida el don de Dios según su genio propio, da testimonio de la fe recibida y la enriquece con nuevas expresiones que son elocuentes. Puede decirse que « el pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo ».98 Aquí toma importancia la piedad popular, verdadera expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios. Se trata de una realidad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el agente principal.
Juan PabLo II, Carta enc. Fides et ratio (14 septiembre 1998), 71: AAS 91 (1999), 60. iii conferencia generaL deL ePiscoPado Latino- americano y deL caribe, Documento de Puebla (23 marzo 1979), 450; cf. v conferencia generaL deL ePiscoPado Latinoame- ricano y deL caribe, Documento de Aparecida (29 junio 2007), 264.
124. En el Documento de Aparecida se describen las riquezas que el Espíritu Santo despliega en la piedad popular con su iniciativa gratuita. En ese amado continente, donde gran cantidad de cristianos expresan su fe a través de la piedad popular, los Obispos la llaman también « espiritualidad popular» o «mística popular».103 Se trata de una verdadera « espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos ».104 No está vacía de contenidos, sino que los descubre y expresa más por la vía simbólica que por el uso de la razón instrumental, y en el acto de fe se acentúa más el credere in Deum que el credere Deum.105 Es «una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia, y una forma de ser misioneros»;106 conlleva la gracia de la misionariedad, del salir de sí y del peregrinar: «El caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador».107 ¡No coartemos ni pretendamos controlar esa fuerza misionera!99 Cf. Juan PabLo ii, Exhort. ap. postsinodal Ecclesia in Asia (6 noviembre 1999), 21: AAS 92 (2000), 482-484. 100 N. 48: AAS 68 (1976), 38.
101 Ibíd.
102 Discurso en la Sesión inaugural de la V Conferencia general del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (13 mayo 2007), 1: AAS 99 (2007), 446-447.
126. En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo. Más bien estamos llamados a alentarla y fortalecerla para profundizar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización. Fuente: Exhortación Apostólica del Papa Francisco: La alegria del evangelio