José María y Gabriel Rodríguez Redondo, son dos sacerdotes diocesanos pertenecientes al Instituto Español de Misiones Extranjeras. El IEME es un cauce que se creó para que los sacerdotes diocesanos pudieran ir a la Misión. Ambos tienen una vinculación con nuestras islas por motivos familiares, y ambos cuentan con una dilatada experiencia misionera. Una ocasión más para comprobar realmente que “dando se recibe”.

Naturales de Burgos. José María llegó a Tailandia hace 24 años después de estar algún tiempo de servicio en la propia diócesis. “Sabía que no era una aventura mía”- sostiene. Atiende tres pequeñas comunidades rurales en un contexto donde la mayoría de la población es budista (el 92%). Este año la iglesia allí está celebrando el 350 aniversario de su creación. “El diálogo interreligioso, de vida, a nivel muy sencillo es una constante, una riqueza y abre otras perspectivas del evangelio que quizá no tenemos suficientemente en cuenta”.

Por su parte Gabriel, una vez ordenado sacerdote, decidió salir a la misión para proclamar al mundo la noticia del Evangelio, en concreto fue enviado a Zambia, donde había de permanecer once fructíferos años de experiencia misionera. “El compromiso de todos los bautizados es una de las características de estas jóvenes iglesias locales; la corresponsabilidad de los laicos es una fuerza preciosa- asevera.

En cuanto a los retos de la Iglesia Católica en este enclave africano, Rodríguez subraya la necesidad de seguir dando pasos hacia la “autosuficiencia, asumiendo ellos mismos su propio desarrollo y misión. Es un desafío que va acompañado tanto de lo personal, como de lo material y lo económico.

Nuestras iglesias diocesanas en salida misionera también pueden aprender del modo en que en otros contextos se realiza el primer anuncio y la misión “ad gentes”. En este sentido, José María subraya que ha aprendido a valorar más a la persona en concreto, no hablar en general, así como el servicio de “hacer los cristianos artesanalmente (como se dice con cierto humor). Hacer el recorrido juntos en el llamado país de la sonrisa. Un gesto muy trabajado, que habla de una espiritualidad profunda, de una acogida amplia.

Sobre sus orígenes vocacionales, José María señala la influencia que tuvo su tío, el sacerdote diocesano Prudencio Redondo, mientras éste último era párroco en La Gomera. Gabriel, por su parte, aprovecha la ocasión para recordarnos que nuestra iglesia particular acoge, en su periodo de formación en el ISTIC, a dos sacerdotes de la diócesis en la que él está sirviendo, como un gesto de “comunión eclesial”.

La ocasión de la celebración del Mes Misionero extraordinario convocado por el Papa para el venidero octubre es una oportunidad preciosa para ambos.

En este sentido, conviene recordar que «la crisis en la misión es una crisis en la fe. Una fe solo puede atraer cuando es consciente, viva y madura. Es por eso que hay una relación estrecha entre fe y misión ya que la fe madura se convierte automáticamente en testimonio». Son las palabras de monseñor Giampietro Dal Toso, presidente de Obras Misionales Pontificias (OMP), durante su breve paso por Madrid estos días.