En 1938 y como una réplica al Guernica de Picasso, Chagall pinta La Crucifixión Blanca. En esta obra narra, antes de la 2ª Guerra Mundial, los sufrimientos provocados por la guerra. No pinta los instrumentos con que martirizaron a Cristo. Su dolor está provocado por las injusticias, las guerras…

«La fe en Él -escribe Chagall- mueve las montañas de la desesperanza”. Todo esto es muy Francisco. Porque sus mensajes de no perder el sentido de la esperanza a pesar del dolor presente, tienen su raíz en esta luz blanquísima sobre el cuadro de este Cristo Salvador. Cristo, por tanto, es representado por Chagall como única salvación posible, por lo tanto en el centro de la composición coloca a Cristo crucificado, envuelto por un fuerte rayo que emana luz sobre una Europa envuelta en tinieblas».