Coincidiendo con el día internacional de los museos, la iniciativa diocesana «Noches con Alma» realizó una nueva propuesta de diálogo y encuentro. En esta ocasión el lugar elegido fue el museo de arte sacro del monasterio de Las Claras, en La Laguna.

En este humilde «atrio de los gentiles» que este curso ha comenzado su singladura, la «Belleza y Arte» fue el tema de fondo que sirvió para que  tres personas vinculadas con el arte: Mª Ángeles Sobrino, Alicia Pérez Tripiana, y Manuel Íñiguez Ruiz-Clavijo profundizarán, desde su experiencia educativa y técnica, en este tema. La fundación Santa María (SM) hizo posible la presencia de estos expertos que también impartieron un curso intensivo a los profesores de religión Católica

Así, partiendo de una interpretación artística y una lectura pedagógica del grupo escultórico del Éxtasis de Santa Teresa, que se encuentra en la capilla Cornaro en Roma, obra de Gian Lorenzo Bernini, se preguntaron: ¿Cómo mirar una obra de arte? Para unir este tema con algunas cuestiones como el arte, la belleza y el poder de la imagen.

Los profesores invitados, junto con los participantes fueron profundizando en las propias experiencias que suscita la contemplación de la belleza en el arte. «Lo primero es lo que emociona, lo que se intuye». Subrayó Pérez Tripiana. Mientras que Sobrino hacía un repaso sucinto por el tema de la belleza subrayando que aparece  como un camino de diálogo, encuentro y evangelización. La obra de arte es potencialmente una puerta para acceder a la experiencia religiosa- aseveró.

Desde la pregunta de los participantes y las intervenciones de los presentes en la sala se fueron repasando los temas que este tema planteaba, como la educación en la sensibilidad, la interioridad, las potencialidades de la belleza para acceder a la fe, el lenguaje del misterio, la dimensión del sentir profundo etc.

En definitiva, la belleza sigue siendo una vía de acceso a la bondad y la verdad. «La Vía de la belleza, a partir de la experiencia simple del encuentro con la belleza que suscita admiración, puede abrir el camino a la búsqueda de Dios y disponer el corazón y la mente al encuentro con Cristo, Belleza de la santidad encarnada…Esta belleza sigue invitando hoy a los Agustines de nuestro tiempo, buscadores incansables de amor, de verdad y de belleza, a elevarse desde la belleza sensible a la Belleza eterna y a descubrir con fervor al Dios santo, artífice de toda belleza».