El Obispo presidió este Jueves Santo la Misa en la Cena del Señor, en la Catedral. Contemplamos, meditamos y
reproducimos en la liturgia, gestos sencillos y palabras inesperadas (y hasta desconcertantes) de Jesús. Gestos sencillos y palabras de gran significado y trascendencia»- señaló.
En este sentido, el obispo nivariense destacó en su homilía tanto el gesto de tomar el pan y el vino y repartirlo, como el del lavar los pies a sus discípulos. Así como lo que significaba el amor fraterno.
Cristo «transforma unos acontecimientos crueles en ocasión de entrega amorosa por todos los hombres, también por nosotros que estamos aquí esta tarde, celebrando aquella memorable última cena de Jesús antes de ser entregado a la muerte»- indicó.
En el lavatorio de los pies Jesús «resume toda su existencia y lo que él es para el mundo: siendo el primero, el Maestro y el Señor, se hace el último y el servidor de todos». La «Eucaristía que hoy celebramos y repetimos todos los días, no es sino Cristo que se pone a nuestro servicio, cumpliendo así sus palabras: “yo no he venido al mundo para ser servido, sino para servir y dar la vida en rescate por todos»- expuso.
En otro momento de su homilía Bernardo Álvarez se centró en el amor fraterno. «Todos estos gestos y palabras no
tendrían ningún sentido si no tuvieran su origen en el amor infinito de Dios que se nos muestra en lo que hace y dice Jesús». El nos dijo, he hecho ésto para que ustedes hagan lo mismo. «Los que llevamos el nombre de cristianos tenemos que ser como Cristo. Estamos llamados a servir y vivir el amor de manera efectiva. Amar y servir, las dos cosas juntas»- sostuvo.
Después de la Misa el Santísimo fue trasladado ‘el Monumento’ especialmente preparado para este día.