Comenzó el Triduo Pascual con la Misa en la tarde del Jueves Santo evocando aquella Última Cena, “en la cual el Señor Jesús en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, y los entregó a los apóstoles para que los sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también los ofreciesen”.
El obispo Eloy Santiago presidió la Misa en la Cena del Señor en la Catedral de La Laguna.
En la celebración, el prelado nivariense puso el foco en los tres grandes acontecimientos que tienen su origen en la Última Cena: la institución de la Eucaristía, la institución del Orden Sacerdotal y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna.
También se recordó el lavatorio de los pies, que manifiesta el servicio y el amor de Cristo, que ha venido “no a ser servido, sino a servir”.
Monseñor Santiago hizo hincapié en que la Eucaristía es el memorial de la Pascua de Cristo, no un mero recuerdo histórico. “Cristo se hace presente aquí y ahora. La Eucaristía es la actualización del misterio. Esta memoria no la hemos de dejar caer en el olvido, sino mantenerla viva”.

En relación a la Última Cena, el obispo expresó que el extremo del amor es la máxima humildad. “Dios se abaja, se hace hombre, se hace esclavo hasta el punto de lavar los pies a los apóstoles. Es el ejemplo del amor verdadero. El amor gratuito y desinteresado”.
En este sentido, monseñor Santiago quiso invitar a los fieles a intentar comprender este amor tan grande. “A los apóstoles les cuesta comprender porque no han entrado en la dinámica de la gratuidad y el servicio. Tampoco comprenden que Jesús tuviera que sufrir y morir. Solo comprendieron en la fracción del pan. Y nosotros, discípulo del s. XXI, ¿hemos aprendido la lección del Maestro?”
Al término de la Eucaristía tuvo lugar la procesión del Santísimo hasta el Monumento.