El misionero javeriano Jesús Manuel Calero Perera se encuentra estos días en Tenerife llevando a cabo varias iniciativas en las que ha podido compartir su experiencia en El Chad. Este joven natural de El Paso en La Palma, lleva desde 2008 en el referido país de África central cuya religión oficial es el Islam.
En la mañana de este martes 11 de junio, Calero dirigió la formación del clero y la pasada noche, pudo compartir su testimonio en la parroquia de María Auxiliadora, en Santa Cruz de Tenerife.
El diálogo interreligioso con el Islam es la cuestión de fondo en la que ha querido hacer hincapié este misionero que habla con pasión de su trabajo pastoral. “El Chad se ha convertido en mi primer amor como misionero porque fue allí donde empecé a trabajar. En la actualidad, continuamos con la pastoral de jóvenes, tenemos una biblioteca, un centro cultural, una escuela, llevamos a cabo iniciativas de alfabetización para mujeres, etc”.
Según este misionero, lo más importante es querer vivir con el otro. “Nosotros no somos héroes. Lo que intentamos es vivir con la gente, poner nuestro granito de arena y servir de impulso. Animar, acompañar, recordarles que pueden aspirar a algo más”.
En El Chad se vive una situación de bloqueo. Además, la corrupción es un mal endémico y no existe la clase media. Las personas que acaparan el poder y los primeros puestos son muy ricas mientras el pueblo malvive en la pobreza absoluta.
El 60% de la población practica el Islam, el 34% es católica (junto a los protestantes) y el resto pertenece a la religión tradicional, ya que aún hoy día se realizan sacrificios y se adora al Dios del agua. En este contexto, Calero indica que el Islam de El Chad siempre ha sido muy tolerante. “En su momento, el sur no se islamizó porque era reserva de esclavos de los musulmanes. Eso ha quedado en el inconsciente colectivo de la gente. Hay una diferencia entre norte y sur parecida a la que se vivía en Sudán. El norte musulmán y el sur que se consideraba cristiano”.
Calero está encargado del diálogo interreligioso. Tarea nada fácil ya que la religión se utiliza como arma arrojadiza. “Hay todo un camino por hacer. Estamos esforzándonos en crear puentes entre ellos. Es difícil porque la religión se manipula fácilmente con intereses políticos”.
Según este palmero, el problema más grande en El Chad es la entrada del Wahabismo a partir de los años 80. Una ideología impulsada, sobre todo, por Arabia Saudita, Pakistán y Qatar. “Es una ideología que interpreta el Corán de una manera fundamentalista. Esto es un problema interno del Islam porque no reconocen el Islam tradicional”.
Y, en medio de este contexto, la Iglesia se abre paso poniendo luz, sobre todo, desde el camino de la formación. “Hemos creado la jornada de cohabitación pacífica que fue impulsada en su momento por Justicia y Paz. Esto ha ayudado mucho a resolver conflictos entre ganaderos y agricultores, por ejemplo, ya que en ocasiones a la vía que se suele recurrir es a la de la violencia”.
Calero es conocedor que su labor entraña un riesgo pero esto no le preocupa. “Nosotros no pensamos lo que nos puede pasar. Es nuestra elección y si perdemos la vida es por esa elección. No se piensa. Si estuviéramos pensando mucho en eso, no viviríamos en paz. Allí, la seguridad te la da la gente. Sabes que si hay algo raro la gente es la primera que te advierte. La gente es nuestra seguridad”.
Este misionero tendrá a partir de octubre una nueva destinación en el norte de El Chad. “Estaré a 450 kilómetros al norte de la capital, es decir a 800 kilómetros de donde trabajaba hasta ahora. Se trata de una zona 99% musulmana. Allí tendremos una nueva comunidad y una nueva aventura”.