“Jerusalén: abrazo de paz”

Este año 2019 se celebra el VIII centenario de un encuentro histórico entre dos personas, en cierto modo representantes de dos mundos, de dos formas de ver la vida, incluida la fe en un único Dios.

 En plena época de cruzadas, un penitente de Asís llamado Francisco, decidió cruzar el frente de batalla y acercarse desarmado a la otra orilla, sucedió en Las proximidades de Damieta (Egipto); allí mismo en donde se iba a librar una batalla histórica que en caso de significar victoria para el ejército cruzado hubiera conllevado también un primer paso para la reconquista de los Santos Lugares.

Francisco, hombre de Dios, místico, portador de una mirada nacida de lo más profundo de su corazón, criatura traspasada por el amor de Dios, conocido para la posteridad como “alter Christus”), el hombre que más se ha parecido a Jesucristo sobre la faz de la tierra, decidió emprender una embajada de paz.

En un primer instante, estuvo sujeto a reclusión, pero insistía en hablar con el sultán Melek El Kamel. Finalmente lo consiguió a fuerza de insistencia, y cuentan las crónicas que lo hizo con tal unción de palabra, como reflejo vivo de un corazón ardiente de amor a Dios y a las criaturas, que el sultán se quedó impresionado, y que no solo concedió la libertad a este hombre portador de la bondad, sino que le permitió a él, y a sus hermanos de religión, el poder hacerse presentes en aquellos Santos Lugares.

Francisco, sin blandir las armas, consiguió tender un puente de diálogo y respeto entre dos mundos opuestos.

Sucedió en 1219, pero sabemos que ya antes, en 1217, algunos hermanos de Francisco, heraldos de la paz, se habían asentado en Jerusalén.

Años después, un Pontífice, concedió a los franciscanos ser los custodios oficiales de los Santos Lugares en nombre de la Iglesia católica, y así lo han venido ratificando los diversos pontífices, hasta que finalmente, S. Pablo VI, S. Juan Pablo II, Benedicto XVI, y Francisco, ratificaron y apoyaron la labor Franciscana en Tierra Santa realizando visitas al llamado “Quinto Evangelio”, la tierra de Jesús, la tierra bíblica.

Así pues, con este abrazo de Francisco a Tierra Santa, simbolizamos también el abrazo que todo cristiano debe ofrecer en lo más profundo de su ser a esta tierra que es, en cierto modo, cuna de nuestra fe. Siempre desde un respeto máximo ecuménico e interreligioso. Siendo portadores de paz en una tierra que vive convulsiones y enfrentamientos.

El abrazo de Francisco a Tierra Santa es el abrazo de amor que la Iglesia quiere expresar de una forma especial hacia las comunidades cristianas allí presentes, auténticas piedras vivas.

Y la colecta Pontificia en favor de los santos lugares, es un gesto de fraternidad, de solidaridad, de apoyo a aquellas comunidades.

Tierra santa es patria del alma, es en cierto modo nuestro hogar común, y de esta manera, por este medio, aún en la distancia geográfica, hacemos sentir calor de fraternidad a nuestros hermanos de aquellas tierras que viven también circunstancias, con frecuencia, de graves dificultades para poder vivir con libertad y plenitud su fe, o simplemente sobrevivir.

Tierra Santa espera tu abrazo de paz.

Comisaría de Tierra Santa Provincia franciscana de la Inmaculada Concepción

2019-04-19T07:58:49+00:00