La tarde de este domingo ha partido a la Casa del Padre el presbítero Alonso Méndez Llarena. DEP.

Nacido en septiembre de 1932 en La Orotava. Fue cura encargado de la parroquia de La Concepción en la Orotava y de la Cruz del Señor y S. Alfonso María de Ligorio, en Santa Cruz de Tenerife. Director de la Casa de Ejercicios, delegado diocesano de vocaciones, catequesis y liturgia en diferentes etapas de su vida, así como párroco de Nuestra Señora de Fátima en el barrio de la Salud, de donde era párroco emérito.

Hace años, con ocasión de sus bodas de oro sacerdotales, el rotativo El Día comentaba con él su servicio pastoral de la siguiente manera:

El padre Alonso Méndez se ordena un 10 de marzo de 1957 en Cádiz, «donde profesaba una hermana mía como Hermana de la Caridad. Por ello elegí Cádiz como lugar para mi ordenación». Pero recuerda que fue el obispo Domingo Pérez Cáceres quien «me otorga la documentación pertinente para que me ordenara cualquier obispo en comunión con la Sede Apostólica».

Previamente, antes de iniciar sus estudios como seminarista, Alonso terminó su carrera de Derecho, que comenzó en Tenerife y finalizó en Madrid. Sus amplios conocimientos le llevaron, una vez ordenado como sacerdote, a especializarse en Derecho Canónigo.

En julio de 1960, llega a Santa Cruz con la misión de ser director de la Casa de Ejercicios con tan sólo 28 años, «lo que hizo que se convirtiese en un hándicap para mí, porque era visto como un pipiolo por los demás», señala. «Es por ello que las primeras actividades que me encomendaron fueron las de realizar ejercicios espirituales y convivencias para jóvenes».

En octubre de 1971, es destinado a la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en la que ha permanecido hasta su jubilación. Con su labor de sacerdote ha compartido la de arcipreste de La Salud. «Mi arciprestazgo es amplio, pues las lindes están en la zona que comparte La Cuesta de Santa Cruz con la de La Laguna, y eso me ha llevado a conocer la amplitud de vivencias cristianas y de entrega hacia la fe que hay en esta ciudad», asegura.

En los últimos años D. Alonso vivió en la residencia sacerdotal y cuando su estado de salud lo requirió pasó a la Casa de Acogida Madre del Redentor.