«María, la madre que cuidó de Jesús, cuida este mundo herido»

La villa mariana de Candelaria se convirtió, un año más como cada 15 de agosto, en un ir y venir incesante de peregrinos que quisieron acercar sus plegarias y oraciones a los pies de la Virgen de Candelaria, Patrona de Canarias. Tras la procesión cívica, en la que fue trasladado hasta el templo el escudo de la ciudad, se inició la función religiosa presidida por el Obispo. 

En la Misa, estuvieron presentes numerosas autoridades públicas, entre ellas, el representante del rey, figura que este año recayó en el Presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo; el presidente del Cabildo Insular de Tenerife, Carlos Alonso; la Alcaldesa de la villa mariana, María Concepción Brito, así como numerosos alcaldes y representantes de otros municipios. 

El obispo comenzó su homilía indicando que «esta fiesta de hoy no sólo tiene que ver con la Virgen María, sino también con nosotros, pues se empieza a cumplir una promesa que nos hizo el Señor Jesús: ‘El que cree en mí tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día».

Seguidamente, y haciendo referencia a varias ideas recogidas en la encíclica del Papa, Laudato Si’, monseñor Álvarez expresó que «María, la madre que cuidó de Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido. Así como lloró con el corazón traspasado la muerte de Jesús, ahora se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las criaturas de este mundo arrasadas por el poder humano».

En otro momento de su homilía el prelado apuntó tres conceptos capitales relacionados con la fiesta de la Asunción de la Virgen María en cuerpo y alma al cielo: «María, cielo y cuerpo». En este sentido, Álvarez señaló que «María es el ser humano que ha alcanzado la máxima plenitud para la que estamos hechos y que, por ello, es para nosotros un foco de esperanza».

El obispo hizo también una didáctica descripción de la simbología que rodea a la imagen de la Virgen de Candelaria. De esta forma indicó que María está vestida de sol porque está inmersa en la luz de Dios, que la inhabita porque Ella habita en él. Por debajo de sus pies se encuentra la luna ya que según indicó Álvarez, «es un signo de que lo efímero y mortal ha sido superado, y que la transitoriedad de las cosas ha sido convertida en existencia perdurable». Además, el prelado añadió que la corona de doce estrellas significa salvación y el dragón, el mal, vencido por Dios.

Monseñor Bernardo Álvarez continuó explicando los otros dos conceptos subrayados al comienzo de su homilía: Cielo y Tierra. En este sentido, el obispo recordó que la imagen de Nuestra Señora de Candelaria nos invita a que dirijamos nuestros ojos hacia el Cielo, con la seguridad de que también nuestra tierra saldrá regenerada. «Volver nuestra mirada hacia el Cielo significa dejar que nuestras almas se abran a Dios para que tome posesión de nuestras vidas y así nos sane y reconstruya por dentro».

Al finalizar la celebración eucarística, debido al fuerte viento, la procesión no pudo dar la vuelta a la Plaza, pero la imagen sí que se acercó hasta el pórtico principal de la Basílica y, posteriormente, se hizo presente en la plaza a varios metros del templo, entre «vivas a la Virgen» y aplausos.

 

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