Habrá un día, oráculo del Señor del tiempo, en el que ya no estarán los de dentro y los de fuera. Todos habitaremos allí donde la vida de verdad transcurre: donde el dolor duele y las alegrías se celebran. Las periferias serán nuestro hogar porque es allí, donde el hombre abraza los límites de la geografía y de sus fuerzas, allí es donde se descubre realmente qué significa ser humano. Y por qué Dios eligió lo humano, y lo moldeó, y lo sostiene.
Y por qué nuestro Dios escogió la noche oscura de las periferias para vestir nuestra carne y para recubrirse de nuestros sentimientos, para experimentar nuestras añoranzas y convertir la espera en un plan de vida. ¿O quizá fue el revés? Quizá porque Él se hizo uno de los nuestros, nosotros andamos por el mundo engalanados con todo eso que Dios es.
Feliz Noche de Periferias, hermanos. Guardemos silencio para escuchar a Dios, que tiembla allí donde pocos quieren estar. Y abramos el corazón y la boca y los sentidos todos para contarle al mundo que elegimos poner nuestra tienda en los lugares donde se arrugan los trajes y se nos ensucian las manos. Esos lugares donde Dios habita. Feliz Navidad.