¡Feliz Navidad!

 

 

También en este malhadado año los acontecimientos nos abocan, quizá, a bajar los brazos: otra vez guerra y, tras ella, una cadena cruel y despiadada de amenazas, sufrimientos, carestías, necesidades, miedos, frustraciones… ¿hasta cuándo? ¿hasta cuándo? ¡Qué fácil perder la alegría y la esperanza! No logramos hacer pie en estas azarosas aguas de la historia, de cada historia…

Tratamos de refugiarnos en las luces, compitiendo por poner más, pero olvidando la luz; nos echamos en manos de las fiestas y el consumo, pero olvidando, la vez, la fiesta; nos prodigamos en fugaces encuentros, pero olvidamos el amor… ¿Otra Navidad desperdiciada?

No, no estamos dejados de la mano de Dios que, en estos días, se hace niño. El niño de la luz, de la fiesta, del amor. JESÚS haciéndose uno como nosotros, para que nosotros, todos, podamos hacernos como Él.

Lo anuncia Mateo en el versículo anterior al comienzo de la misión de Jesús: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande y a los que habitaban en sombras de muerte una luz les brilló” (Mt 4,16). Son grandes las tinieblas y las sombras de muerte, parecen extenderse por todas las partes, pero más grande es la luz de Dios manifestada en Cristo.

Acogerle a Él es acoger su luz, su fiesta, su amor. Y con Él en nuestras vidas, nada queda a merced de las sombras y tinieblas, sino que su Luz nos ayuda a superar las dificultades y a construir una historia distinta y hermosa, una historia preñada de la salvación de Dios.

Por eso, y pese a todo, es tiempo de alegría por contar con el Dios-con-nosotros y es tiempo de esperanza por estar nosotros-con-Dios.

Por eso, y pese a todo, FELIZ NAVIDAD, en nombre del Departamento de Comunicación de la Diócesis.

2022-12-25T09:44:55+00:00