En la mañana de este lunes 22 de octubre, se ha celebrado el II Encuentro de madres y padres de sacerdotes. Una jornada que comenzó en el Monasterio de las Hermanas Clarisas y finalizó a los pies de la imagen de la Virgen de Candelaria, en la Santa Iglesia Catedral de La Laguna.
Tras la acogida en el patio del monasterio, los asistentes pasaron a la iglesia, donde la abadesa Sor María del Pilar Climent dio la bienvenida. “Ser sacramento para que muchos se salven a través de vuestro ministerio sacerdotal es el más excelso homenaje a vuestros padres y madres, vivos o difuntos. Este es el mayor testimonio vocacional que necesita nuestro pueblo”, indicó la madre abadesa para añadir que en esta misión, los presbíteros no están solos. “Las hermanas contemplativas siempre estamos respaldando vuestra tarea con nuestra oración y sacrificio”. Por último, Sor María manifestó un deseo. “Cuando estén celebrando la Eucaristía junto a nuestra madre, en su advocación de la Candelaria, recuerden que vuestras hermanas clarisas somos, o al menos intentamos ser, ese manto de madre que acoge y reúne a todos en su regazo”.
Posteriormente, el sacerdote Julián de Armas, en nombre de los curas que este año están cumpliendo sus bodas de oro como presbíteros, compartió con los presentes su testimonio vocacional. De Armas relató cómo le ha marcado en su vida su madre, y el don de Dios que supone tenerla viva aún. Por otro lado, expresó que en su vida vocacional fue clave el testimonio de Don José, el que fuera su párroco cuando era pequeño.
Tras De Armas, tomó la palabra el rector del Seminario Diocesano, Domingo Navarro quien centró su intervención en pedir oración por las vocaciones y por los seminaristas. “Debemos pedirle a Dios con perseverancia. Hace falta constancia e insistencia en la oración de intercesión, como Jesús que permanecía toda una noche en vigilia. No nos cansemos de orar porque nunca es una pérdida de tiempo la oración”. Navarro, para finalizar, entregó unas oraciones a varios asistentes para pedirles que “adopten espiritualmente” a un seminarista. En este sentido, cada oración repartida lleva el nombre de un joven que actualmente está discerniendo su vocación en el Seminario.
Seguidamente, la madre del joven presbítero Juan Pablo Mendoza, Gisela Vera, compartió con los asistentes a este encuentro, lo que ha supuesto en su vida tener un hijo sacerdote. Vera relató que se enteró que estaba embarazada en medio de una celebración con el Papa San Juan Pablo II. De ahí el nombre de su hijo que justamente hoy se encuentra celebrando su santo. Gisela expresó que cuando supo que su hijo iba a ser cura, le preguntó a Dios qué debía hacer y sintió que la respuesta era simplemente dejárselo en sus manos. “Soy feliz. Mi marido está ahora junto a Dios y el Señor me regaló un hijo sacerdote. Hoy día intensifico el gozo de la Eucaristía. Para mí ser madre de un sacerdote es una bendición”.
El acto en la iglesia del monasterio de las Hermanas Clarisas concluyó con las palabras del Obispo quien recordó que en la vida de los sacerdotes, los padres y las madres son clave. “Gracias a ellos vinimos a la fe a través del regalo del bautismo. Ellos han sido y siguen siendo mediaciones por las cuales nos acercamos a Dios. El Señor nos elige para una misión especial y podemos llevar a cabo esa vocación porque hay otras personas que nos ayudan a encontrarnos con esa gran verdad que es que el Señor, desde el seno materno, ya se había fijado en nosotros”.
Posteriormente, los sacerdotes acompañados de su padres y madres, se dirigieron hasta la Catedral de La Laguna, donde celebraron la Eucaristía junto a la imagen de la Virgen d Candelaria.