Este domingo de Ramos, el Obispo preside la celebración de este día en la Catedral. La bendición de los
palmos y olivos se realizará , en esta ocasión, en el propio Obispado, a las 10 de la mañana. Desde allí se iniciará la procesión litúrgica hasta la Catedral, donde se celebrará la eucaristía de este día centrada, en este ciclo de la liturgia, en la proclamación de la Pasión según S. Marcos.
Después de la Misa, sobre las 12h, será la procesión del Paso de la entrada de Jesús en Jerusalén
acompañado de su hermandad.
Como señaló en otra ocasión el obispo Álvarez «los fieles católicos estamos invitados a celebrar con fe viva y devoción ardiente estos días santos. Debemos entregarnos a la reflexión y la oración, a la conversión del corazón y a obtener el perdón de nuestros pecados en el sacramento de la penitencia. Así se cumplirá en nosotros aquella promesa de Jesús a sus discípulos en la Última Cena: “Ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar” (Jn. 16,22).
«La Semana Santa, es un tiempo de gracia, un tiempo propicio para conseguir lo que más necesitamos. Es la gran oportunidad para morir con Cristo y resucitar con Cristo. Para morir a nuestro egoísmo y resucitar al amor, para abrir enteramente el corazón a Dios y a los hermanos, especialmente a los más necesitados. Como decía San Pablo a los Corintios y se nos recordaba al comienzo de la Cuaresma: “Éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación” (1Cor. 6,2).
Son, también, días para descansar junto al Señor, que nos dice: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo los aliviaré” (Mt. 11,28). Son días propicios para volver a despertar en nosotros un deseo más intenso de unirnos a Cristo y seguirle viviendo con fidelidad su mensaje, conscientes de que nos ha amado hasta dar su vida por nosotros. Son días para la contemplación del Amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, “entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra salvación” (Rom 4, 25)».